Cuando Christian Grey (Jamie Dornan), que se siente herido, intenta convencer a la reticente Ana Steele (Dakota Johnson) de que vuelva a formar parte de su vida, ésta le exige un nuevo acuerdo antes de aceptar. Pero cuando la pareja empieza a tener más confianza y una cierta estabilidad, aparecen dudosas figuras del pasado de Christian decididas a parar en seco sus esperanzas de un futuro juntos.

No sé cómo serán los libros – ni me interesa – pero la película de 50 sombras de Grey me pareció de lo peor que visualicé el pasado año (y del siglo XXI casi). Aburrida, insípida, carente de emoción o alma y sin llegar a decidirse por una historia de «amor» (para los que busquen algo así de verdad apunten: ¡Olvídate de mí!. De nada) un drama o una cinta de corte erótico (para eso retrocedo a 1992 con Instinto básico, la cual sigue siendo a día de hoy un thriller de primera categoría). Así que antes de que se pase el efecto Grey nos llega su secuela que dirige James Foley (que ya tocó el tema sensual con la recomendable Pasión obsesiva, con un pipiolo Mark Wahlberg) y que adapta en esta ocasión Niall Leonard (encargado del último capítulo, 50 sombras liberadas ya en rodaje para su estreno en 2018).

Repiten los sosos Dornan-Johnson junto a las incorporaciones de Kim Basinger – que ya recibió lo suyo y lo de su prima Catalina en 9 semanas y media – y Hugh Dancy entre otros, para su estreno este próximo 10 de Febrero.

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