Diferencias. De todo tipo, de toda clase. Diferencia de opiniones, de gustos, de culturas, de ideologías, de personalidad, de cine………y precisamente en este último es donde me centraré solo un momento. Se los prometo. El cine americano es el predominante, del que solo hablamos (y vemos). Ya no les hablo de que se reniegue del cine europeo – del que no pienso detenerme a nombrarle las MILES de joyas que tiene en su haber – sino del nuestro, del nacional. Nos gusta la paella, la tortilla, el jamón ibérico pero sin embargo preferimos ver una pizza (americana), una hamburguesa o un sandwich de mantequilla de cacahuete.

De acuerdo, hay veces que nuestro cine nos sirve en bandeja de plata la oportunidad de darle por todos los lados. Sin embargo esa maldición de ‘españolada’ que persigue a lo nuestro no es justa para muchas oportunidades que nos llegan y, en la mayoría de los casos, dejamos escapar. Créanme, no pierdan la ocasión de conocer los 8 apellidos vascos. Hay diferencias sí, pero de nuestra propia cultura (andaluces y vascos en pleno estado de gracia). Y por si quieren salir de dudas, les voy a dar 8 razones para disfrutar de uno de los mejores platos cinematográficos de nuestra gastronomía actual. Allá van.

1. Risas con salero. Hacía mucho que el cine español no nos ofrecía una comedia en su más puro sentido de la palabra. Divertida, espontánea, enrevesada y actual, la cinta dirigida por Emilio Martínez-Lázaro es MUY nuestra. Respira españolidad por los cuatro costados, sin adornos innecesarios o referencias a otras culturas/cintas (y por ello entendamos el uso absurdo de canciones pop en inglés en determinados momentos). La película es tan andaluza como vasca, toma lo mejor de sus culturas y lo embadurna con un gusto a la risa sana y natural en momentos que el espectador vive y disfruta con sus protagonistas. Todo es contagioso.

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2. La Macarena en Guipuzcua. En muchas ocasiones les hablo del ambiente que rodea a una cinta, el marco o el escenario dónde tiene lugar. Y en estos apellidos vascos nos llega hasta el último aroma de la brisa marina del norte de nuestro país. Pocas veces una localidad ha lucido tan bien en pantalla como esta Guipuzcua – con parajes como Bedua entre otros – transportándonos a lo pintoresco de nuestra geografía. Dan ganas de pasar unos días allí, comer sus suculentos platos, beber sus vinos – o sidras – y dar un paseo bajo un manto verde pincelado con las gotas de lluvia de uno de los paisajes más bellos que pueda haber (y hay de sobra) en España. No hay mejor postal o carta de presentación posible. Más de uno ya estará reservando billete y hostal.

3. ¿Rafa o Antxon? Si hay un nombre propio en esta cinta es el del humorista – y ya actor con creces – Dani Rovira. El malagueño – con el que comparto año de nacimiento – se luce como nunca, y no hay escena en la que desentone frente a los ya veteranos Lago, Machi o Kerrejalde entre otros. Su mera presencia ya sonsaca la sonrisa al espectador, y su humor deja huella en todo momento, provocando situaciones tan divertidas como encantadoras. Su Rafa/Antxon es un regalo caído del cielo para Rovira, y que el actor va abriendo y compartiendo con nosotros en todo momento (la escena que da nombre al título es desternillante). Vale que los andaluces con ese acentillo tan suyo provocan más risa con cualquier comentario que dicho por otra persona. Y aun con esas Rovira es digno de todo alago posible (es palpable lo mucho que disfrutó el actor durante el rodaje). ¡Ole Dani tu arte!

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4. Belleza vasca. El contrapunto a Rovira lo da la genial Clara Lago, una actriz que sigue dando pequeños pasos hacia la madurez interpretativa, la cual está al alcance de unos pocos en nuestro país (y más con la que está cayendo). La guapa – muy guapa – actriz se mimetiza con su Amaia desde el primer segundo – es tan vasca que no soporta todo lo andaluz – y bajo ciertas capas de inaccesibilidad, se esconde una chica tierna, cercana, sincera (demasiado), frágil y tan divertida como los sureños de nuestro país. Su química con Rovira es innegable, y sus encuentros y desencuentros construyen una relación encantadora y natural.

5. Paisanos y extranjeros. Y si Rovira y Lago forman el eje central, alrededor de ellos se turnan unos maravilloso Karra Elejalde – al que no podía parar de recordar en cintas como Airbag o Año Mariano – y Carmen Machi (en su salsa). El contrapunto a la historia de amor/odio de la joven pareja lo dan estos dos veteranos que brindan tanta sabiduría como diversión, y que no podrían estar mejor como acompañamiento a este menú de 4 estrellas. No puedo dejar de lado a Alfonso Sánchez y Alberto López como los amigos de Rovira en su Sevilla natal. Fabulosos en cada breve aparición, y cada frase es sinónimo de carcajada segura.

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6. Choque de culturas. Vascos y andaluces no se pueden ver. Metafóricamente hablando. Si unos se sienten muy, pero que muy españoles los otros reclaman su independencia. Y es en esos tópicos en donde la cinta de Rovira y Lago triunfa al 100%. El andaluz es gandul, fiestero y religioso. Por otro lado los vascos son muy brutos, independentistas (no verás una bandera española en un balcón) y orgullosos de su lengua (cómo no). Todo eso lo metemos en una coctelera del mejor humor y lo sacamos a relucir (el andaluz y su gomina, el vasco con sus ‘manifas). Nos reímos CON ellos y no DE ellos. Cualquier paisano de esas dos preciosas comunidades autónomas saldrá de la sala con ganas de irse de copas con el vecino del norte (o sur).

7. Comedia sin más. Simple, pero eficaz. Si el propósito es pasar un buen rato, pongan la firma al final de la película porque no se sentirán defraudados. En los últimos años la comedia española se ha servido (erróneamente) de refritos nacionales – los ya aburridos Torrentes de Segura, una excusa para acumular rostros conocidos – o internacionales (y es que Fuga de Cerebros, por citar un ejemplo, es un heredero del humor americano de finales de los 90 como American Pie). Mi más sincera enhorabuena al guion de Borja Cobeaga y Diego San José por hacer humor sencillo y espontáneo (había una señora en la sala que no paró de reírse en toda la película…..lo dicho, contagiosa).

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8. MUY patria. ‘Esto es un vasco que pone una quiniela…..’ o ‘ ¿Saben aquel del Lepero que va al médico?’ Nos sentimos tan identificados que demuestra que realmente estamos más unidos de los que muchos – aunque les joda – creen. Que una película logre hacer reír a todo un país con las costumbres de dos de nuestros vecinos es síntoma de que vamos por el buen camino. De que estamos orgullosos de lo nuestro (no hace falta agradar siempre al de fuera coño). Y que nuestro humor y nuestra comida, cuando está bien servida y cuidada es INsuperable.

Ahora tomen un poco de gazpacho andaluz. Añadan de segundo un buen bacalao a la vizcaína. Y de postre esta genial cinta que está – y debería estar – entre lo mejor de este 2014.

¡¡Y buen provesho mi arma!!

Puntuación: 7,5/10.

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