¿Qué es la magia?

La magia es engaño, ilusión.

Así sin más. Todo lo que conlleve son meros adornos ficticios – a no ser que usted crea en Harry Potter – que hacen del espectador un simple conejillo de indias en manos de unos «timadores» cuyo fin es hacernos creer en algo que escapa a nuestra comprensión. Cuanto menos sepamos mejor aún. Con esta crítica ocurre más o menos lo mismo. Ahora me ves….es una película destinada a ser visionada con el mayor desconocimiento de la misma posible. Es decir, que si usted se dispone a pasar casi 2 horas de absoluto entretenimiento lo más sensato es que vaya sabiendo lo siguiente: hay magia y robos. Listo. Si no ha tenido oportunidad de verla le aconsejo no siga leyendo los siguientes párrafos.

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Nada por aquí, nada por allá. En caso contrario corre el riesgo de que le pueda ser desvelado algún que otro truco que esconde (muy hábilmente) la cinta dirigida por el francés Louis Leterrier (desmarcándose del cine más fantástico y/o espectacular de sus anteriores trabajos como Furia de Titanes o El Increíble Hulk). Tranquilos, no voy a revelar el último acto de la cinta el cual, sea dicho de paso, es el más flojo de los vistos hasta entonces pero deja un buen sabor de boca porque en el mismo se nos desvela todo lo que ha llevado hasta ese último momento. Hasta entonces, Leterrier firma un espectáculo tan divertido y distraído como nos exige la cartelera veraniega (cotufas y aire acondicionado).

Presten mucha, mucha atención…..porque la película no podría empezar de mejor manera: la presentación de los cuatro protagonistas y la cualidad que define a cada uno de ellos, en un genial prólogo (y uno de los más largos de la historia del cine también sea dicho de paso). En el asistimos al Jesse Einsenberg más arrogante visto en pantalla – sí, mucho más que en La Red Social y eso que yo no soporto al actor – a la imponente presencia (bella) de Isla Fisher, al Woody Harrelson más pícaro y cachondo (¿recuerdan su papel en la estupenda Bienvenidos a Zombieland precisamente con Eisenberg? pues eso) y a un sorprendente y ágil Dave Franco (hermano de James, y ojito que le supera) cuya innegable química forman este cuarteto llamado ‘Los cuatro jinetes’. Una vez realizadas las presentaciones, el mago deja la palabrería para llevar a cabo lo que ha venido a realizar: magia, encantamiento, distracción, ilusionismo…….no hay que parpadear ni un solo segundo.

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Mírenme fijamente a los ojos. Queda claro que los cuatro protagonistas se divierten de lo lindo y, gracias a dios (y a un buen guion que sabe cuándo sacar sus bazas) dicha diversión se contagia entre los espectadores desde que hacen su primer Acto de aparición en conjunto (el cual es, prácticamente todo el tráiler lo cual es de agradecer porque no desvelan mucho o muy poco de la cinta). Queremos que nos sorprendan, es más, deseamos con todas nuestras ganas ser engañados. Pero una vez asistimos a tal truco – el cual sirve para dejar claro que son una especie de Robin Hood con ases bajo la manga – lo que más nos pica es la curiosidad, el ‘cómo lo hicieron’. No hay nada fantástico que no tenga su explicación. Y en ello entra el personaje de un Morgan Freeman que se pasea por la cinta con su habitual elegancia, demostrando (una vez más, y van….) que para él, actuar es como hacerse un desayuno mientras repasa las noticias del día. Sus (escasos) duelos interpretativos con Michael Caine merecen ser saboreados de principio a fin, dejando que sean los demás los que barajen las cartas interpretativas.

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Abracadabra……El relleno, los entreactos son la pata que cojea en esta mesa repleta de chisteras, conejos y varitas que se doblan por la mitad. Todo lo que conlleva la (razonada) persecución policial por parte de un correcto Mark Ruffalo están bien desarrolladas, pero a nosotros el cuerpo nos pide el segundo plato (y posterior postre) en lugar de sorbetes de persecuciones, peleas en pisos, y alguna que otra explosión. Son 115 minutos de buen hacer, y por supuesto con grandes dosis de humor en especial por parte del personaje de Harrison (impecable la primera vez que lo vemos) o set pieces que consiguen su simple y claro objetivo: distraer, en todos los sentidos. Destacar la ya nombrada presentación por separado de Los Cuatro Jinetes, el primer Acto (y su posterior explicación), todos los encuentros Freeman-Caine, las habilidades de Franco, la persecución durante el Mardi Grass en Nueva Orleans (sacándole el jugo al máximo a una preciosa ciudad, impecable como marco de fondo en parte de la acción) o el plano casi final de un personaje – que no desvelare – cuando se da cuenta de la finalidad de las acciones del cuarteto de magos y quien (o quienes) mueven los hilos.

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Ahora me ves……es refrescante, perfecta para el verano y para disfrutar de un buen rato ajenos a calores, bichos insoportables de estas épocas o derivados. Es cine para disfrute sano, sin nada que pensar o que buscar en el fondo del sombrero (no le busquen la perfección a una cinta que ni lo es ni pretende serlo). Magia y robos. Ocean’s eleven y El truco final. Un buen rato que agradecerán (aunque más de uno eche en falta el toque de violines imaginarios de nuestro Juan Tamariz al ritmo de su chiana nianoooo niaaaaaa).

Y ahora no. Cuando chasquee los dedos dejarán de leer esta crítica. Un, dos tres ¡chas!

Puntuación: 7/10.

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