……y niebla gris. Anuncia que viene, lo que ha de venir. Y todos sabemos qué – o más bien quién – viene. Esta sencilla estrofa es el inicio de una de las mejores películas de todos los tiempos. Pero todo tiene un comienzo, una gesta, un propósito que se va fraguando hasta lograr su finalidad. Dos de los mejores actores de todos los tiempos se ponen en la piel de dos personas emblemáticas para contarnos que pasó más allá de niñeras mágicas, barrios de Londres o deshollinadores. Dos palabras, un nombre. Mary Poppins.

El sello Disney se ha caracterizado siempre por que no lleva a engaños. Es directo, sin tapujos, conciso, brillante, mágico y, sobre todo, lleno de encanto en cada uno de los fotogramas de cientos de cintas que han hecho (y continúan haciendo) las delicias de niños, y no tan niños. En este último grupo se encuentra un servidor, pero sin renegar jamás del niño que llevo en lo más profundo de mí ser. Solo hay alguien con la capacidad de sacarlo hasta la extenuación, y ese alguien se llama Walt Disney. La búsqueda – o salvación – del Señor Banks es una historia tan pura como emotiva, tan repleta de momentos duros como mágicos y magistrales. Es, sin ningún lugar a dudas, una de las películas más bonitas del año, y de la factoría Disney.

rs_1024x759-131214133747-1024.Saving-Mr-Banks-3.jl.121413

Con un poco de azúcar. Solo un poco. Un poquito nada más, por favor. Ingredientes primordiales en este pastel muy bien aderezado desde el primer minuto. Y es que no hay nada más inocente que la década de los 60 del siglo pasado. El marco de nuestra cinta tiene el aroma de unos años en los que nadie, absolutamente nadie se había olvidado de soñar. Si nos sentimos transportados a esos maravilloso años, que mejor manera de hacerlo que de la mano del creador de una de las factorías más poderosas (en todos los aspectos) del mundo. Un Walt Disney encarnado con absoluto respeto y admiración por uno de los pocos actores capaces de hacernos creer que vemos al creador de Mickey Mouse: Tom Hanks. Pero Disney no creó a Poppins. Luchó por ella sí, pero había alguien para la que esta adorable niñera lo significaba todo.

Esa no es otra que el ALMA – así, que nos quede bien clarito – de la película: una Emma Thompson que ofrece uno de los retratos más crudos de la realidad humana, con una persona, la escritora P.L. Travers, que tuvo sus motivos más que justificados para tardar más de 20 años en ceder los derechos al todopoderoso Walt. Thompson demuestra porque vamos al cine, porque pagamos una entrada y porque es, simplemente, una de las mejores. Desde su presentación – que pone las pautas de su personalidad y la batalla que habrá que librar para llevar a Poppins a la pantalla – pasando por todas sus conversaciones con Hanks (especialmente la única en la que Disney le abre el corazón), sus (des)encuentros con guionista/compositores para la película, la relación más cercana con un personaje que no voy a desvelar, su «repulsa» a las peras (aclarada por supuesto) y, como no, cada una de sus reacciones cuando finalmente ve el resultado final de la adaptación (si se les escapa alguna que otra lágrima no pasa nada, únanse al club).

SAVING MR. BANKS

¡Un, dos! Así marcamos el ritmo de una cinta que, con más de 120 minutos de metraje, ofrece una de las lecciones de cine dentro del cine más adorables a las que podremos asistir. No les voy a mentir, cosa que si hace el tráiler (en parte): si Thompson es la cara de la película, el actor irlandés Colin Farrell es la cruz. No por una mala interpretación – todo lo contrario, de las mejores en toda su carrera – sino porque a medida que asistimos al paso de la página al celuloide de Poppins, seremos testigos de la dura (pero no por ello llena de amor) infancia de Travers, en la que Farrell supo dar a sus hijas toda una lección de humildad, cariño, superación y ternura como pocas veces hemos visto en un cine. Y es que no hay amor más grande en este mundo que el de un padre/madre a sus hijos. Nada se puede comparar. Conocemos a Poppins y a los Banks gracias a la existencia de esa persona que, con sus diablos interiores, nunca jamás tuvo un mal gesto para sus primogénitas.

Es aquí donde el sello Disney se hace mayor, y en donde este Encuentro de Mr. Banks se torna gris. No me voy a aventurar a si es una película para niños – o no – pero sí que los adultos la disfrutaremos más. Seguro. O ¿acaso alguien no se crio con Mary Poppins? Ver todo el proceso de creación de esas maravillosas canciones que acompañaron tantos momentos de alegría en nuestra infancia – se las sabrán todas, créanme – revivirlas y darnos cuentas la realidad detrás de la historia (¿por qué realmente llegó Poppins a casa de los Banks?) hará que escavemos en nuestros más profundos sentimientos……no te toca la fibra, más bien la agarra con todas sus fuerzas (ello muy bien ayudado por la cautivadora partitura de Thomas Newman, uno de esos compositores que uno reconoce con solo escuchar unos cuantos acordes).

banks3

El reino mágico. Disney nos brindó en bandeja de plata hace ya medio siglo (si,si, 50 añazos ya) una joya del cine, una cinta que, con el paso de los años, no es que mejore: simplemente deja en paños menores todo lo de hoy en día. Mary Poppins – Mary a secas no por Dios – cautiva tantos a pequeños como adultos, y si me apuran, emociona más a medida que pasan los años.  Lástima que Disney edulcore tanto sus películas – ese logo antiguo al comienzo de la misma – que no tenga a veces las agallas suficientes de mostrar todos los lados de la historia (como el ego de Disney, su mala manía de fumar a todas horas pincelada por encima en la historia y que acabó con su vida o la relación a veces agotadora a más no poder con sus colaboradores).

screen_shot_2013-08-02_at_12.31.50_am

A propósito de Mr. Banks es amor. Es Magia. Es Disney hasta decir basta. Es una historia tan, pero tan terriblemente bonita que el aplauso al final es inevitable (y obligado, y hacía mucho que no veía a un cine aplaudir).  Es familia, recuerdos reprimidos que explotan en un solo segundo (que Thompson no esté, como mínimo, nominada a Mejor Actriz es de un insulto denigrante al buen gusto cinematográfico) gracias a una persona (y/o personaje) que llegó sin avisar, con un bolso lleno de cosas, mucho que enseñarnos sobre la vida y sobre los que están a nuestro alrededor.

Es por tí Mary. Chim chimney, chim chimney, chim chim che-ree…..

Puntuación: 8/10.

encuentro