Alice Kingsleigh (Mia Wasikowska) ha pasado los últimos años siguiendo los pasos de su padre y navegando en alta mar. A su regreso a Londres, atraviesa un espejo mágico y regresa al reino fantástico del Submundo con sus amigos el Conejo Blanco (Michael Sheen), el Gato de Cheshire (Stephen Fry) y el Sombrerero Loco (Johnny Depp), que no es él mismo. El Sombrerero ha perdido su Muchosidad, por lo que Mirana (Anne Hathaway) envía a Alice a pedir prestada la Cronosfera, un globo metálico dentro de la cámara del Gran Reloj que alimenta todos los tiempos. Al volver al pasado, se cruza con amigos -y enemigos- en diferentes momentos de sus vidas, y se embarca en una carrera peligrosa para salvar al Sombrerero antes de que acabe el tiempo.

James Bobin (El tour de los Muppets) toma el relevo de Tim Burton – aquí únicamente como productor – en la que fue una de sus cintas más taquilleras, aquel Alicia en el país de las Maravillas que nos descubrió a Wasikowska, confirmó la versatilidad de Depp con Burton (ahora de capa caída, a la espera de que su Sombrerero o Jack Sparrow le devuelvan la fama perdida) y aprovechó el por entonces reciente tirón del 3D con Avatar parar arrasar por los cines de medio mundo. Seis años más tarde tenemos su ¿tardía? secuela, una cinta rodada al igual que en la primera entrega, con un par de años de antelación respecto a su fecha de estreno para luego dedicarse a su extensa post-producción (una película de pantalla verde vamos).

El 27 de Mayo el mundo volverá a sentirse un poco loco, en lo que supondrá con casi toda seguridad otro éxito Disney (junto al nuevo Capitán América, Buscando a Dory y el spin-off de Star Wars de finales de año).

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