Cuando el avión que transporta al Presidente de los Estados Unidos (Samuel L.Jackson), el Air Force One, es derribado por unos terroristas, el hombre más poderoso de la tierra y único superviviente del siniestro acabará en medio de unos peligrosos bosques en Finladia con la única ayuda de un niño de 13 años llamado Oskari (Onni Tommila). Lo que parece, a priori, una situación sin salida se convertirá en una terrible cacería en la que el Presidente aprenderá más de lo que pensaba de su precoz acompañante.

Jackson mola. Y si tenemos en cuenta que el Tito Jules – Ezequiel 25:17 – lo mismo se enfunda un parche para ser un Vengador, un caballero Jedi (con espada morada porque yo lo valgo), un siniestro críado negro y ¡¡racista!!, hombre de cristal, negociador en apuros, cazador de jumpers, jefe de una unidad SWAT, creador de Robocop o policía matando serpientes en un avión pues queda claro que su presencia es irresistible para el espectador (con más de 60 tacos demuestra lo badass que puede llegar a ser ¿se lo imaginan junto a Nesson repartiendo «caramelos»?).

Una cinta de estas características – ejem – no se sostendría por ningún lado de no ser por la presencia de Jackson en ella. El director y guionista precisamente de origen finlandés Jalmari Helander – del mismo país es Renny Harlin, con el que Samu hizo Memoria letal y Deep Blue Sea – nos deja esta tarjeta de visita para las grandes majors americanas. ¿Su estreno? En España no lo sabemos. Pero cómo si la vemos en casa con unos colegas. Yo una mezcla entre Air Force One y Defensa no me la pierdo por nada en el mundo.

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