Howard Inlet (Will Smith)  es un exitoso ejecutivo de publicidad de Nueva York. Su situación cambia drásticamente cuando una tragedia personal le golpea con fuerza, lo que le lleva a caer en una profunda espiral de depresión. Sus colegas más cercanos intentarán animarle y sacarle de su letargo. Para ello pondrán en marcha un plan poco convencional, para obligarle a afrontar su sufrimiento de una manera sorprendente y profundamente humana. Pero este plan traerá consigo resultados imprevistos.

Ha sido la cinta más criticada este Verano, pero sus ya casi 700 millones de recaudación mundial la han convertido en una de las más taquilleras de este 2016. Les hablo del Escuadrón Suicida del propio Smith (junto a Margot Robbie que se estrelló con La leyenda de Tarzán y un breve Jared Leto), una película que «puede» que el tiempo la sitúe como obra de culto, a pesar de ese ‘¿Qué habría sido si……?’ del que tanto se habla (y que implico la salida de actores como Shia LaBeouf o Tom Hardy, cuando el proyecto todavía era tan disparatado cómo gamberro y que, con la entrada de Smith, se alteró para dar más protagonismo al Príncipe de Bel-Air). El caso es que Smith alterna una cinta más «comercial» con una de carácter más íntimo, y tras las pasadas Navidades con Concussion (aquí muy bien traducida cómo La verdad duele) ahora le toca el turno a esta cinta que dirige David Frankel (El diablo viste de Prada) con un libreto de Allan Loeb (Rock of Ages).

Un estreno pre-Navideño (23 de Diciembre entre nosotros, compitiendo con Assassins Creed) para este lujoso reparto – Edward Norton, Michael Peña, Keira Knightley, Kate Winsley y la veterana Helen Mirren, a la que veremos en Fast 8 – en el que Smith espera recibir su (olvidado) galardón al Oscar del año pasado. Y si no funciona, siempre nos quedará verle de nuevo como el Detective Mike Lowrey en Bad Boys for Life (aquí será Dos Policías Rebeldes III).

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