Dave Duerson es un jugador de la NFL que murió en 2011 después de dispararse a sí mismo en el pecho. Antes de morir pidió que su cerebro fuera estudiado por los científicos, que descubrieron que sufría encefalopatía traumática crónica producida por los duros choques en el campo de juego. El neuropatólogo forense Dr. Bennet Omalu (Will Smith), descubre por primera vez los efectos traumáticos de las conmociones cerebrales en un jugador de la NFL y da a conocer al público general sus descubrimientos.

Smith se pone serio (de nuevo). Algo que no le veíamos hacer desde el año 2008 con Siete almas, y que le ha valido dos merecidas nominaciones al Oscar en otras ocasiones (Ali, En busca de la felicidad). Que el antaño protagonista de El príncipe de Bel-Air se ha convertido a sus recién cumplidos 47 años en todo un actorazo es una verdad comparable a la de que lleva los últimos 7 años perdiendo su tiempo y carrera en proyectos absurdos – Focus, Men in Black III – o a favor de sus hijos (produciendo aquel remake de Karate Kid o protagonizando After earth).

El director y guionista Peter Landesman – experto en meter el dedo en la herida en asuntos delicados para los norteamericanos – nos devuelve al Smith actor en mayúsculas, muy bien arropado por Luke Wilson, Albert Brooks, Adewale Akinnuoye-Agbaje (con quien acaba de repetir en Escuadrón Suicida), Stephen Moyer, Eddie Marsan, David Morse y Alec Baldwin. Su estreno: 8 de Enero (lo repito: nos espera un Otoño/Invierno movidito).

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