Furia. O al menos ese es el título original de esta cinta, la nueva incursión en el cine bélico del guionista y realizador David Ayer (Sin tregua), todo un experto en el cine más crudo y violento, no exento de diálogos tan reales como la vida misma (y si no, les recuerdo sus libretos de los «bajos fondos» en cintas cómo Training Day y U-571). Ayer – el realizador, para que vaya quedando claro – libera precisamente todo su armamento en su mejor obra hasta la fecha, la más dura e impactante para una gloria artística de todo su reparto, a la vez que nos devuelve el cine bélico a la primera línea de fuego, un cine que no había tenido mucho hueco en este Siglo XXI (de lo último fueron los Malditos Bastardos de Tarantino, precisamente con Brad Pitt también de protagonista pero sin matar a un solo nazi…..creo recordar).

Un género semi olvidado que siempre suele ser sinónimo de buen cine. Pero recuerden que les hablo de guerra, y no de una cualquiera: fue el mayor genocidio en la historia de la humanidad. Porque….¿quién dijo que la guerra era bonita?

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‘Los fines son pacíficos, pero los métodos no’. Es una de las frases que pronuncia el rudo Sargento Collier alias Chacal interpretado con su habitual presencia y maestría por un Brad Pitt que asume el mando de una batalla que, a pesar de dar sus últimos coletazos – Hitler ya está en un búnker desvariando con media Europa encima suyo – no implica que la muerte pueda asomar en cualquier esquina. Fue, durante este mes de Abril de 1945 cuando los aliados acabaron con la amenaza nazi, no sin antes sufrir tantas bajas cómo en cualquier otro momento de la sangrienta guerra. Los alemanes se debatían en dos bandos – muy bien definidos en la película – entre los que se encontraban los todavía fanáticos de Hitler (en su mayoría las SS, y los cientos de reclutas que lograron entre niños y ancianos con amenazas de muerte) y los ciudadanos hartos de un situación que, posiblemente, jamás podrían entender del todo……..

Las últimas misiones eran tan cruciales como cualquier otra hasta la fecha. Había que limpiar todo rastro de la esvástica. Pero los héroes de nuestra historia – y por héroes les hablo de gente que solo quería salir viva de allí – eran gente normal, cuya lucha les paso una factura que nadie más podía entender si no habías compartido la misma sangre, el mismo barro y las mismas lágrimas. Es aquí donde Ayer define el batallón que comanda el curtido Pitt – aunque éste tuvo sus inicios, como nos cuenta uno de sus esbirros – con 3 personas que no podrían ser más distintas: Jon Bernthal que hace de su Grady un tipo sin ningún tipo de escrúpulos (atención a los «huevos»), Michael Peña y su muy mexicano Gordo (y posiblemente el único de ellos con alguien a quien echar de menos) y un recuperado Shia LaBeouf espléndido como el religioso Boyd alias Biblia (genial en todos sus momentos en pantalla, tanto dando la extrema unción como disparando el feroz cañón del Fury).

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¡¡Allá va!! Y si creo que LaBeouf en forma es, y podría ser, uno de los mejores actores de su generación, muy atrás no se les queda el quinto en discordia en esta dramática aventura: un Logan Lerman cuyo aspecto físico – niño impoluto, el hijo que toda madre querría – viene ideal para ese Norman que debe cruzar la delgada línea de la madurez en una época en la que la única manera era ser más fuerte que el que tienes enfrente. Un personaje creado para que el espectador sufra – nunca mejor dicho – la evolución del mismo en todo el metraje hasta ese abrupto y duro, MUY duro epílogo, no sin antes pasar por toda clase de situaciones: desde la primera vez que debe disparar un arma (atención al rostro de Lerman), su relación con ciertas ciudadanas alemanas (y el resultado final de las mismas), su diálogo íntimo con Grady (quizás, el único momento de humanidad de un fabuloso Bernthal) y por supuesto todos sus diálogos finales con Pitt.

Un Pitt que nos tiene muy mal acostumbrados. Y aunque se le pueden perdonar sus clichés clásicos – sobre todo en una cinta de la II Guerra Mundial con frases como ‘da igual lo que beba porque no voy a disfrutar la resaca’ – el genial actor demuestra veteranía con su medio siglo de edad, justo lo que requiere su Chacal (en aquella época, personas de la edad de Pitt estaban detrás de una mesa dando órdenes y no delante de un tanque acribillando alemanes) para rebosar la dosis adecuada de liderazgo a bordo de su tanque Fury (pocas veces hemos vivido en primera persona la vida a bordo del espacio reducido de uno de estos ataudes de acero). La guerra es el infierno. Ayer y Pitt pretenden lo que acaban consiguiendo: que nos sintamos «incómodos» en muchos momentos de su nunca aburrido largo metraje, que nos salpique cada gota de sangre, que sudemos con ellos y sintamos en nuestra piel sus más desgarradores sentimientos (hasta el propio Pitt se permite momentos de humanidad sin ser visto).

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Cenizas. Es lo que queda tras la batalla. Uno es un fiel seguidor del cine bélico, concretamente de esta terrible etapa que va de 1939 a 1945, y todo lo que sea empaparme en más material de guerra lo recibo con los brazos abiertos. Siempre quiero más. Le puedo acusar a Ayer de brindarnos una cinta que pretende (¿o realmente quiere?) ser más de lo que acaba siendo: una GRAN película de guerra, pero en el fondo simplista – ¿acaso importa la misión, si es que la hay, cuando lo realmente importante era salir vivo de allí? – que triunfa en sus momentos más íntimos (el peculiar almuerzo de unos invitados no deseados) y en los puramente de guerra (el impactante enfrentamiento con un tanque Tigre alemán, la entrada al pueblo y, por supuesto, TODO el epílogo).

Fury funciona cuando menos quiere, cuando más sucia, dura, bruta y malsana es (la fotografía es impecable, dando el tono sucio y nunca con brillo de algo cruel y despiadado); en los momentos de humanidad (cuando alguien confiesa, aunque nunca nos lo parezca, que tiene miedo), en la pureza de las acciones de sus personajes (la decisión final de Chacal) y en las secuencias que vivimos la guerra, que la sentimos, que la experimentamos (la partitura del oscarizado Steven Price a veces apabuya, pero en muchas ocasiones nos lleva flotando de la mano a las situaciones en pantalla).

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Debemos recordar nuestros errores en el pasado, para no repetirlos en el futuro. Los Corazones de acero de muchos que dieron su vida por un propósito que seguramente nunca llegaron a comprender. Las acciones y decisiones que imperaban el bien común al suyo propio (¿se imaginan llevar a cabo un acto que saben, con toda seguridad, que acabará con sus vidas?). El sacrificio, el coraje y la entrega de muchos en un suceso histórico que nunca debería repetirse.

Su Furia para hacer del mundo, un lugar mejor dónde vivir.

Puntuación: 8,5/10.

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