Historia del amor entre un padre y su hija a lo largo de 25 años. La historia transcurre en Nueva York entre la década de los 80, donde Jake Davis (Russell Crowe), novelista ganador del Pulitzer y viudo, lucha contra una enfermedad mental al tiempo que intenta criar a su hija de cinco años, Katie (Kylie Rogers); y el presente, donde Katie (Amanda Seyfried), ya con treinta años, intenta hacer frente a los recuerdos de su problemática infancia.

Así, sin previo aviso ni nada, nos llega la nueva cinta del realizador Gabriele Muccino con toda una superestrella cómo Crowe al frente. Una cinta que se ha gestado sin hacer mucho ruido, en la que Muccino vuelve a relucir esa vena dramática con la que triunfó gracias a Will Smith con En busca de la felicidad y la posterior Siete almas (desde entonces, solo se ha dejado «ver» en una película de su Italia natal y aquel Un buen partido con Gerard Butler al frente).

Un Crowe muy sentimental – repitiendo género tras su debut detras de las cámaras con la recomendable El maestro del agua – se une nuevamente a Seyfried tras Los Miserables y a Aaron Paul (Need for speed), Bruce Greenwood (Star Trek), Octavia Spencer (Criadas y señoras), Diane Kruger (La búsqueda) y la veterana Jane Fonda para su estreno (ya) del 4 de Diciembre (ya ha pasado por varios países como Inglaterra, pero no en Estados Unidos de momento).

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De padres a hijas