Pocas veces nos hemos topado con una campaña publicitaria y/o de promoción cinematográfica como la de Deadpool. Su protagonista – y principal precursor en el empuje de llevar adelante a SU mercenario bocazas – Ryan Reynolds (respect) lleva casi un año dándonos la brasa con el traje rojo, dejando bien claro una cosa desde el principio: esto NO es una película más de superhéroes. Es más, Deadpool no es un superhéroe. Es un tipo con poca suerte que recibe un «don» que luego aprovecha a su antojo. ‘Un gran don conlleva una gran responsabilidad’ decían en el Spiderman de Sam Raimi allá por 2002. Cómo han cambiado los tiempos……..

Wade Wilson no es responsable. Es impresentable, descarado, malcriado, carece de modales y tacto entre otras muchas cosas. Dejen que les diga que no saben lo que nos alegramos de que así sea. Marvel nos trae la cinta definitiva de antihéroes. Un acierto de principio a fin…….siempre y cuando estén dispuestos a entrar en la fiesta privada de Reynolds. Si ya tienen su invitación/entrada de cine sean bienvenidos. Deadpool se los agradece.

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Un grave error. Es lo que muchos seguidores del cómic pensaron hace unos años cuando aquel Lobezno orígenes nos dejaba a Wilson – también interpretado por el bueno de Ryan – en un mero bufón de circo de tercera categoría al servicio del prota de turno (el intocable y siempre agradecido Hugh Jackman). Aquello era el Show de Hugh; Wilson era un invitado inoportuno que, desagradablemente, acababa convertido en el villano de turno (muy digitalizado eso sí). Si a los fans aquello les sentó fatal, mejor ni les comento como lo vivía Reynolds. Desde entonces una lucha personal por sacar adelante SU propio show, su fiesta privada, su menage a trua cinematográfico en el que viéramos al mercenario como realmente es, aunque para ello tuviera que enfundarse previamente una malla verde en la compañía rival (y al que lo quiera coger…….).

Y eso podría ser un buen resumen de Deadpool. Una sucesión constante de chistes bien hilados destinados a todos los que conocemos este calvario de Reynolds, así como a una generación que ha crecido con el cine violento más actioner de los 80, no exento en ningún momento de humor (tan negro como el entorno de ojos del protagonista). Una vez remendado este (MUY) grave error, tenemos a nuestro (anti)héroe bien vestidito de rojo, con el culo prieto dispuesto a que nos partamos el ojete como tan bien dijo Reynolds en su cuenta de Twitter estos días con motivo del estreno en nuestro país (recalco: un GRAN aplauso a cada uno de los miembros de la campaña publicitaria de la cinta).

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Welcome to the party (madafakas). Ese show queda impreso desde el primer milisegundo, con un prólogo absolutamente brillante repleto de humor, violencia y diálogos tan perversamente divertidos y ácidos. Desde los MAGISTRALES títulos de crédito iniciales – no habrán visto nada igual- Reynolds saca a relucir todo lo que lleva dentro su Wilson particular, con una particularidad: reírse en todo momento de todo el mundo, en especial de sí mismo (no se libra ni el propio actor ya se los digo). No solo es SU show, nosotros formamos parte de él gracias a cada una de las intervenciones del personaje con el público, desde esa voz en off que nos narra lo acontecido a modo de flashbacks, hasta muchas de las acciones que comete contra sus rivales (hay tanto, que ahora mismo solo me viene una a la mente con la frase ‘este se fue a cortar leña’…..ya lo entenderán).

El actor se merece un párrafo aparte (y porque no quiero marearles mucho). Siempre he creído que Ryan tenía una vena humorística pocas veces reconocida – véanle en Van Wilder, una de las cintas con las que se dio a conocer, y sobre todo en Sólo amigos o La proposición – que muy bien ha sabido compaginar con la acción (El invitado) o el drama (Enterrado). El protagonista de La morada del miedo esperaba su oportunidad, un personaje por el que ser recordado, especialmente uno salido del cómic: Deadpool era su tercer intento – si no contamos el despropósito ya nombrado en la cinta de Jackman – y pocas veces alguien ha sabido sacar tanto partido a una oportunidad (lo que fue Robert Downey Jr a Iron Man por ejemplo). Terriblemente cachondo, SU mercenario es la estrella de la función, en particular cuando está enfundado de rojo. Cierto que los momentos Wilson, en especial los de «amor» con su compañera Morena Baccarin, pueden provocar cierta pesadumbre a una platea ya acostumbrada al vengativo inmortal que se pasea por las calles como su pasillo de bromas particular, sin normas que acatar – ni siquiera la de los mismísimos X-Men que quieren reclutarle – ni títere que dejar con cabeza (nunca mejor dicho).

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El empuje moral de Reynolds para sacar adelante el proyecto es digno de toda alabanza posible, así como la libertad creativa que ha dado Marvel al dúo de guionista Rhett Reese y Paul Wernick (encargados de Bienvenidos a Zombieland, ya apuntando maneras) para apabullarnos con sangre, sexo, mala leche y toda clase de comentarios políticamente incorrectos que harás las delicias del grupo de colegas que asista a la sala dispuestos a, nuevamente lo comento, partirnos el ojete.

Cervezas y pistolas. Por mucho que Wilson se empeñe en recordarnos que todo es una historia de amor. No esperen un guion que haría las delicias del Orson Welles de turno. Les hablo de ‘chico conoce a chica, chico se enamora de chica, chico enferma, chico encuentra posible cura, chico decide vengarse de los que le engañaron y recuperar a chica’. Sin más. En medio una cascada de secuencias de acción, violencia, disparos (y hostias que ni el Vaticano), humor, muchísimo humor, guiños constantes – por favor, no se pierdan la secuencia de post-créditos porque si son de mi generación, y medianamente cinéfilos, la aplaudirán hasta con las orejas – y toda clase de momentos que harían que nuestros mayores sintieran vergüenza ajena con el cine que ven (y disfrutan como enanos) los suyos. Deadpool se ríe hasta de su padre. Sin preámbulos ni adornos innecesarios. Es la película de colegas ideal. Esa que puedes volver a disfrutar y aplaudir cada golpe o secuencia como si fuera la primera vez, disfrutando de nuevo de la compañía de los tuyos, o de aquellos que, al igual que tú, han decidido sumarse a la Reynold’s fucking party. Oh yeah!

Todo este rollo patatero lo dice alguien que acudía a la sala con cierto «temor»: ¿habrá quemado todos sus cartuchos la cinta en los excelentes trailers y promocionales, o todavía quedará más? Y la otra pregunta que me abordó al salir: ¿cómo será la, ya confirmada, secuela?. Porque Deadpool sorprende, por mucho que nos sepamos de memoria todos y cada uno de sus avances. Esa sorpresa inicial que tan bien recibimos de personajes cómo Jack Sparrow o Star Lord. Queremos más, y más. Habrá que ver si la (esperada) secuela cumple las expectativas de un personaje cuya carta de presentación no podía ser mejor: muy bien dirigida, adornada (el villano que sirve para lo que está: ser muy malo; los amigos del prota e incluso la chica) y complementada (la banda sonora de Junkie XL, con un acierto en la selección musical que va desde Shoop de los Salt n’Pepa, un rap para el protagonista llamándole Sexy hijo de puta, o un clásico cómo Calendar Girl de Neil Sedaka acompañando a una escena de «amor» EJEM).

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Deadpool es obscena, irreverente, descarada, vulgar, violenta y……jodidamente divertida de cabo a rabo. El golpe en la mesa de Marvel es de los que hacen tambalear el 2016 (no podía empezar de mejor manera). Suena topicazo pero les aseguro que no habrán visto nada igual hasta entonces (queda claro que la produce Fox, y no Disney por mucho que tenga sus derechos). Y si por un casual pierden la oportunidad no se preocupen: seguro que habrá algún colega «sacrificado» que la verá con ustedes en casa, dispuesto a brindar cada vez que el bueno de Wade cometa una irresponsabilidad (imaginen lo peor de lo peor).

Pocas veces un lema ha dado tanto en el clavo: es el PUTO amo.

Puntuación: 8/10.

Deadpool