Hay una cosa que yo llamo el Método Luhrmann (del realizador australiano Baz Luhrmann). Este consiste en un cine de estética milimétrica, personajes con arquetipos bien definidos que rozan la tragedia – incluso se bañan en ella – una selecta y delicada banda sonora y, sobre todo, un estilo visual que baila en la fila línea que separa lo creativo de lo delirante, lo mágico de lo obsceno, o lo agotador de lo cautivador. Es SU cine. Y el que no lo conozca cuando lo vive/sufre por primera vez puede quedar tan atrapado en su magnetismo cinematográfico como repudiarlo con mucho desdén. No va a provocar indiferencia. Su filmografía la completan 5 películas en 20 años. Bienvenidos a un nuevo capítulo del cine Lurhmaniano.

Y de esas 5, 2 de ellas lo han llevado al Olimpo del que todavía a día de hoy disfruta (James Cameron estuvo 12 años borracho de fama con Titanic hasta que llego Avatar, que le dará reserva para otros 10 más por lo menos): Romeo + Julieta y Moulin Rouge. Atrás quedan su ópera prima, El amor está en el aire, y la semi fallida AustraliaFíjense que he nombrado dos películas ya con Leonardo DiCaprio como protagonista. La estrella es quien más brilla en este nuevo (y muy siglo XXI) Gatsby basado en ese clásico norteamericano de F.Scott Fitzgerald (que, curiosamente, en el momento de su publicación fue ignorada a diestro y siniestro). Pero lo antiguo mola. Atrae. Tienta. Y si hablamos de una Nueva York entre los dos periodos bélicos del siglo pasado, repleta de luces y glamour, música, diferencias étnicas y especialmente fiestas de los (muy) ricos del lugar, entonces nuestra mente harta de la palabra crisis se traslada de manera inmediata a la ciudad que nunca duerme para tomar unas cuántas copas en compañía de Nick Carraway.

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Un Carraway que no es otro que el propio Fitzgerald en su juventud cuando era uno de tantos que soñaba con ser escritor, y que no encontraba la inspiración para que su nombre pasase a la posteridad. Tobey Maguire (correcto, a pesar de su aura de Peter Parker en muchos momentos) nos lleva de la mano a los acontecimientos (trágicos, románticos, soñadores e incluso con alguna pincelada de humor) que le sirvieron para elaborar uno de los manuscritos más respetados del siglo XX. Y no por lo que cuenta, sino por el lugar y la época en la que transcurren. Un Nueva York en auge que, a medida que crecía, iba siendo despojada de la inocencia de la que hasta entonces presumía. Es aquí donde Luhrmann impregna su mirada en cada recorrido por la gran manzana, luz y color, o por los suburbios de pobreza de sus alrededores, gris y sucio.

Lujo. Alcohol. Dinero. Infidelidades. Traiciones. Pasión. Desencuentros. En esta pasarela de los años 20 por la que desfilan Leo y compañía Luhrmann hace de las suyas como pez en el agua: el logo inicial de Warner en blanco y negro y con un sonido e imagen como si fueran de la época; cualquier viaje en coche (sin límite de velocidad) son de puro vértigo y disfrute; todas y cada una de las fiestas de Gatsby; el protagonista por primera vez ante su amor perdido (que recuerdan al inicial del Romeo y Julieta de DiCaprio y Claire Danes); y por supuesto el epílogo, plasmado con una efectividad convincente, sin el resto de adornos (necesario o innecesarios, esto a gusto del espectador) que nos acompañan a lo largo de los 142 minutos (es de los guiones más fieles a un libro que hemos podido ver).

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Una duración extensa y que no pesa en la mayoría del metraje, sobre todo desde la (espectacular) primera aparición de un Gatsby que, durante esos primeros 20 minutos, ha permanecido a la sombra logrando que nuestra curiosidad vaya en aumento. Es aquí donde el título no podría estar más acertado: DiCaprio está soberbio en cada una de sus escenas (ver la mirada de reencuentro con Daisy, una Carey Mulligan que se basta de su belleza en la pantalla, o el diálogo que va subiendo de tono con un provocador Joel Edgerton) y lo GRANDE de la película está en la presencia de una de las estrellas de la última década. Lo edulcoramos con una banda sonora repleta de éxitos actuales reversionados y diseñados para la época (los neoyorquinos de la época bailarán al ritmo de Beyonce, Fergie o Gotye) con mención especial a Lana del Rey y la maravillosa ‘Young & Beuatiful’ (resume el devenir de los acontecimientos).

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En pleno 2013 una cinta de estas características es recibida con los brazos abiertos. Una rareza (si lo comparamos con hombres de hierro, resacas, carreras de coches, monstruos animados, u hombres de acero). Una película para degustar y disfrutar en los muchos aspectos impecables que posee (la dirección artística y el diseño de vestuario son de lo mejor que veremos este año, créanme) y con un reparto a la altura, una historia de amor clásica sobre la fragilidad de nuestras decisiones, las oportunidades, la lealtad y la amistad.

Pasen, pasen y vean. Viajen casi cien años en el tiempo a una de las épocas doradas de nuestra historia. El marco es incomparable. Y el maestro de ceremonias no podría estar mejor. Es el Gran DiCaprio. No lo dudes compañero.

Puntuación: 7,4/10.

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