Sirva de precedente que soy de esos bichos raros que no comprendió – o quiso comprender – el enorme éxito de Birdman. Posiblemente hiciera honor al otro título de la cinta, y tuviera esa ‘virtud de la ignorancia’ que no me dejó ver los méritos de la Oscarizada cinta del año pasado dirigida por el mexicano Alejandro G.Iñárritu. Supe apreciar sus virtudes – la fotografía de Lubezki o las interpretaciones de su elenco – pero el conjunto no me llenó, no me produzco ningún tipo de satisfacción de estar en la presencia de una gran obra, de una cinta redonda sin matices (o con muy pocos). Lo más curioso es que todo ello no me sorprendió: de la obra de Iñárritu, hasta ese momento, no había ni una cinta que un humilde servidor pudiera colocar en su Olimpo particular de cintas a tener en cuenta. Mis esperanzas durante los pasados Oscars estaban puestas en el horizonte, en lo que Iñárritu ya manipulaba junto a esa bestia parda de la interpretación llamada Leonardo DiCaprio: El renacido era una realidad, y su historia no podía tenerme más a la expectativa.

Y aunque quedan pocas horas para la entrega de los Oscars – es la que cuenta con más nominaciones, 12 – y parece que finalmente Leo tendrá su ansiada (y merecida) estatuilla dorada, no voy a centrarme en los premios que puedan darle o ya haya recibido. El renacido merece tener su punto de vista aislado, cómo una historia de supervivencia, de fe, de venganza y de los límites del ser humano cuando es puesto a prueba. Tomen aire, porque lo van a necesitar: bienvenidos al infierno de hielo.

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El bosque de lo desconocido. Desde el primer fotograma, la obra de Iñárritu sumerge al espectador en lo que el realizador mexicano pretende sin adornos ni concesiones: el frío más desgarrador al que podamos hacer frente, en un mar de árboles, hielo y fieras salvajes – tanto hombres como animales – que sirvan de entorno para que sintamos en cada poro de nuestra piel la historia de Hugh Glass (INCONMESURABLE DiCaprio), un trampero del Siglo XIX que vivió de primera mano la más brutal de las traiciones de manos de uno de los suyos, John Fitzgerald (impecable y terrorífico Tom Hardy) para luego emprender un camino de venganza que solo puede tener un final posible: sangre derramada. El director de Babel logra que los 156 minutos sean una aventura guiada para el espectador a través de los brillantes páramos helados del norte de América, en una época de inocencia pero también de deslealtad, mentira y esperanza. No somos meros visores de lo que ocurre ante nuestros ojos: cada paso, cada herida, cada golpe y cada triunfo lo vivimos como si fuera nuestro. Un mérito visual digno de todo aplauso posible para el trío Iñárritu-DiCaprio-Hardy.

Un prólogo rodado de manera impecable (el mejor arranque de una cinta de Iñárritu, y de los mejores del pasado 2015) que no da tregua a que nos terminemos de acomodar en la butaca, sirve de preámbulo al monólogo visual de Leo a lo largo de su búsqueda por calmar su sed de sangre, por devolver algo de paz a su por entonces ya descocido y vació espíritu (a pesar de ciertos encuentros que sirven de puntos de inflexión en su largo paseo para tener algo de fe en el ser humano). La dirección de fotografía del genial Emmanuel Lubezki – posiblemente el mejor en su campo en la actualidad, junto con Janusz Kaminski, ganador de dos premios de la Academia de manera consecutiva estos dos pasados años y camino de un posible tercero – nos ofrecen unos paisajes que dejan sin habla, sin capacidad del más mínimo parpadeo ante la belleza de nuestro planeta, de nuestro mundo y de la inmensidad de lo que nos rodea. Nada, absolutamente nada podrá igualar en una pantalla gigante a lo creado por la mano de la Naturaleza, no hay efecto que se le acerque. Chivo – que es el mote por el que se conoce a Lubezki – brinda una oportunidad única para pasear por esos terrenos solo al alcance de los más valientes (las condiciones de rodaje fueron extremas), y su uso del entorno natural en todo momento (no usa luz artificial en ningún momento, una proeza en pleno 2016) hacen que la cinta, carentes de diálogos en gran parte del metraje, hable a través de sus imágenes. No hace falta más créanme.

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Del infierno…….. Y si han leído hasta aquí, habrán comprobado que ya he nombrado la ausencia de diálogos en mucha parte de la cinta. Su guion, en cuestión de número de palabras, es escaso. Pero no nos hacen falta. No necesitamos a Leo clamando a los dioses cada 5 minutos o a Hardy rememorando sus villanías – atención a la conversación con el personaje de Will Pouter sobre cierto accidente en su pasado – para captar nuestra atención. Ni falta que hace. La secuencia del ya famoso ataque del oso a Glass (rodada en un falso plano secuencia, al igual que gran parte del prólogo o de la pelea final, un recurso de genio en el que Lubezki es todo un experto) es perfecta. Sin más. La lucha del hombre contra la naturaleza, el extremo más viral de nuestras fuerzas para no abandonar nuestro mundo ahogado en nuestra propia sangre mientras expiramos nuestro último aliento en pos de una alternativa que acalle ese sufrimiento.

Y aquí es donde empieza el show de Leo. No quiero entrar en comparaciones. Hace 2 años dije que con El lobo de Wall Street el actor había tocado un techo interpretativo que sería muy dificil de superar, o al menos de igualar. Más de uno se preguntó aquella noche, ante la derrota frente a su compañero en la cinta Matthew McConaughey: ¿qué más debe hacer este chico para que le premien al fin? ¿Arrastrarse en el barro a 20 grados bajo cero? ¿Pelear con un oso (ficticio)? ¿comer hígado de bisonte crudo? ¿Luchar a muerte en un salvaje enfrentamiento sin importarle si muere en el intento? Vaya………creo que eso también lo ha acabado haciendo. Y es que la versatilidad del protagonista de Infiltrados no conoce parangón. Lo mismo nos vende acciones aunque no las necesitemos, que construye aviones que muchos jamás volarán, trafica con diamantes de sangre, estafa a la gente en la piel de un abogado o piloto, busca a un fugitivo en una isla invadida por la locura que cruza medio país para ansiar una sed de venganza que posiblemente no encuentre silencio cuando el demonio salga a la luz. El actor de Django desencadenado – una de esas NO nominaciones que nunca entendí – es uno de los mejores actores en la actualidad (por no decir el mejor de su quinta) y si el único «problema» radica en poner en una balanza sus propias actuaciones para decidir por cual realmente merecía un reconocimiento o no, bendito problema. Ya le gustaría a muchos que su trabajo solo fuera equiparado al suyo propio.

Es Leo vs. Leo. Es bueno hasta en eso el jodido. Y El renacido no sería nada, absolutamente nada sin la presencia del protagonista de La playa (por recordar también alguna de sus cintas menores).

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………al «cielo».  Visceral, emotiva, humana, sangrienta y visualmente cautivadora. El cine es una sucesión de secuencias, de imágenes que plasman en nuestra retina una historia, un relato con momentos que pueden quedarse grabados a fuego en nuestra memoria y corazón por siempre (¿o no recuerdan ustedes, estimados lectores, momentos en una sala de cine que jamás podrán olvidar?). Eso es lo que quieren, y acaban consiguiendo si somos fieles al viaje, Iñárritu y DiCaprio (con la estimable ayuda de los Hardy o Lubezki de turno). Una aventura tan cruel como impactante, con sus aristas afiladas e incluso imperfecciones (no todo el mundo estará preparado para un apabullamiento constante de secuencias cuyo diálogo transcurre a través de miradas, gestos o acciones) que, pase lo que pase en unas horas – ya les dije que no pienso mojarme por premios – está entre lo mejor del pasado año sin lugar a dudas.

Una gran película con un todavía más grande Leonardo DiCaprio. Imprescindible.

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Y para los más curiosos, muchas de las mejores cintas de la historia – o eso dicen – se han ido de vacío en noches como la de hoy (o al menos sin el premio gordo). ¿Les hago un pequeño ejercicio de memoria? Salvar al soldado Ryan, Uno de los nuestros, Pulp fiction, Cadena perpetua, LA Confidential, Todos los hombres del presidente, Psicosis o Ciudadano Kane por darles unas cuantas muestras. Ni lo «reconocido» tiene que ser lo mejor, ni lo ignorado lo peor. Y de paso, suerte a todas las nominadas esta noche.

Puntuación: 8,6/10.

Renacido

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