Llave en el contacto. Media vuelta. Ruge el motor. Valga decir de antemano que hasta hace 2 años no tenía ningún tipo de fe ni esperanzas en esta callejera saga. Desde la primera entrega no he pisado una sala con la palabra ‘Fast’ en ella (es más, la considero un refrito de la estupenda Le llaman Bodhi pero sin la genial labor de Bigelow tras las cámaras entre otras cosas). Así que con la cuarta entrega lo que pude atisbar fue un grito desesperado de su productora para resucitar algo medio moribundo. Reconozco que con el reparto íntegro de la original me ‘semi convencieron’. Volvemos a 2011. Uno de mis placeres culpables y una de las mejores cintas de acción (con una buena trama de por medio) de la última década se llama Fast 5. Indispensable.

Metemos la primera, las ruedas se deslizan por el asfalto. Nuevas incorporaciones. Todos los rostros familiares de la saga en un mismo plano. Y algo que considero fundamental: las carreras clandestinas pasan a un segundo (incluso tercero o cuarto) plano para dar lugar a una buena historia con venganza y robo de por medio, todo ello en un entorno inigualable (que bien lucía Río de Janeiro) y con unas set-pieces de acción que quitan el hipo. Fast 6 es eso…….al cuadrado. Se podría decir que está un par de escalones por debajo de la anterior, han perdido ese factor «sorpresa» que tuvieron (como mola Dwayne Johnson). Y aun con todas las pegas que se le podrían penar es una de los mayores entretenimientos que podrán ver en este 2013. La película perfecta que cumple los cánones del cine veraniego.

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Acelerador hasta el fondo. Sudor. Músculos. Testosterona. Lujo. Velocidad. Jamelgas. Adrenalina. Tiene lo que promete y lo que el público espera en una cinta de estas características. Un marco a caballo entre España y Londres que se convierte en un personaje más de la trama. Por supuesto, saco pecho de los paradisiacos paisajes de mi isla Tenerife – en dónde se «oculta» Toretto – y donde también rodaron la persecución con tanque de por medio (y que la defino en una palabra: ¡guau!). Es, en todas y cada una de las persecuciones y/o escenas de acción donde uno tiene que apagar el cerebro y dejarse llevar. No piensen. ¡¡Pero es que eso que ha hecho es imposible!! !!Se les fue!! Repito: cerebro OFF. ¿Ya? Ahora podrán pasar uno de los mejores ratos posibles delante de una gran pantalla.

Bajamos de marcha. Curva cerrada. El reparto. Mejor no me tomo muchas molestias en este apartado. The Rock mola (mola que te cagas). Luke Evans, un villano impecable (ver el cara a cara con Toretto and friends). Toretto por cierto. A ver……¿era necesario meter con calzador a Michelle Rodriguez de nuevo? Menos mal que Ludacris y Tyrese Gibson son muy conscientes de su papel: son los bromistas de turno (negro = cachondo, y perdonen que sea así de brusco).

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Quinta. La aguja sube precipitadamente. Música de «tunning». Nuevamente la trama no gira alrededor de los coches, sino son estos los que circulan a medida que avance la misma. Y el director Justin Lin – en su última dirección para la saga tras cuatro entregas, y reemplazado para la séptima por James Wan – no deja un momento de respiración cuando hay un par de manos sujetando un volante. Apunten su nombre con fuerza para un futuro porque hay pocos que saben qué hacer con una cámara en una escena de acción (la persecución por el metro de Londres, la huida de Evans o el impresionante epílogo en el que no cerraremos la boca durante unos 35 minutos). No le voy a perdonar los altibajos en la evolución de la historia (dios, pero que absurda queda lo de Diesel-Rodriguez) que hacen que corramos hasta los 130 minutos…….no tan fast, si muy furious cuando lo requiere.

Sexta. A fondo. Se lo que muchos pensarán. The Rock es un medio primo lejano de un Power Ranger (lo menos). La pista del aeropuerto al final debe medir unos 30km (y quedaron justitos). En cada caída, cada accidente de coche, disparos, golpes etc.. no hay dolor, ni secuelas ni nada que se le precie (a mí me da UNA sola de las hostias que reparte el Diesel con Johnson y me tienen que recoger con espátula). Eso que acaba de hacer es imposible (o tener algo de fe, como dice uno de los personajes).

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No tengo en mente con mi carranchita hacer una de las carreras que hacen los protagonistas en la película (como la primera de todas en mi isla, en una carretera que si paso de 100 me van a buscar al fondo del mar matarile lire lire). Pero si voy a darme un paseo por la casita de Toretto en Garachico. Un par de cervecitas (Dorada, la nuestra como la que toman) y a felicitar a O’Connner de paso. Han logrado otro placer culpable para este servidor (después de la anterior, por supuesto). Y no se pierden el pequeño «regalo» justo al comenzar los créditos finales. Ya vale el precio de la entrada.

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Puntuación: 7,5/10.

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