Me he equivocado. Lo admito. Cometo errores como cualquier ser humano, y en el mundo del cine no se puede dar nada por (casi) seguro. Sí, cuando publiqué el trailer de Golpe de efecto me relamía por disfrutar de una nueva actuación del veterano Clint Eastwood – reverencia – para la gran pantalla. Es cierto que me lo imaginaba recogiendo un premio (o varios) por su actuación de viejo malhumorado (que raro) con una enfermedad degenerativa uniendo lazos paterno filiares con su hija, todo ello con la platea en pie y una sonora ovación. Vale que prometía ser una de las cintas del año. Pues metí la pata. El debut en la dirección de Robert Lorenz – amigo y colaborador de Eastwood en sus cintas – se queda en un ‘quiero y no puedo’. Amagar sin chutar a gol. En este caso, sin llegar a marcar un homerun.

Homerun, tercera base, bola curva, stricke……términos que nos suenan pero que más de uno no entenderá. El beisbol es el deporte norteamericano por excelencia. Sus estrellas y jugadas han marcado la vida de muchos ciudadanos norteamericanos. Es por ello que la cinta de Lorenz emerge como una oda de amor a dicho deporte que ha unido a familias y amigos durante décadas. No busca agradar a todos, sino a los que la llevan a cabo. Es un diamante a medio pulir. No se si por dejadez o por falta de interés – incluso de tiempo ya que Lorenz ha rodado tan rápido como su amigo y mentor – la cinta no llega a ser lo que podía haber sido. Su falta de pretensiones, de un pequeño esfuerzo por rematar una idea que prometía y con un reparto que lo hace lo mejor que puede – hasta sin pestañear – dejan a este debutante en pañales delante de un camino todavía por recorrer.

Para Clint actuar – y dirigir, aunque aquí no ejerce dicha labor – es como levantarse e ir a mear (perdonen la expresión). Es algo tan innato que le sale sin tener que ponerle muchas ganas. Precisamente dicha acción (mear, o actuar que está meando) es la primera que le vemos realizar en la cinta y en ella vemos a un actor que ya no tiene que avergonzarse – hace mucho que no lo hace – de lo que es: un viejo. Está mas cerca de la cuarta edad que de la tercera y aun así sigue siendo y será uno de los grandes. Es la baza de la película, la pelota final que marcará el tanto decisivo en este partido de beisbol particular. Y aunque tenemos a un Eastwood menos atinado de lo habitual – descafeinado diría yo – tiene momentos que hacen las delicias de todos aquellos que le hemos disfrutado como el tipo más duro que haya pisado una sala de cine. Y en esa carcasa de carcamal rabioso se esconde una fragilidad que, sin ser la de obras maestras como Sin perdón o Million Dollar Baby (Gran Torino es lo que es por el y nada más) si nos demuestra que al final de nuestro viaje todo lo que tendremos serán recuerdos, pecados y arrepentimientos (la secuencia en la tumba de su esposa es magistral, de lo mejor de la cinta).

Y así podría seguir durante horas brindando elogios a uno de los GRANDES de la historia del cine. Pero estamos a lo que estamos, y por muy grande que sea Clint en esta película se nos ha quedado pequeño. Su química con una genial Amy Adams como su hija es el eje de la cinta, pero cuando Justin Timberlake hace acto de presencia es la previsible historia de amor entre estos dos la que ensombrece al mismísimo Eastwood, por lo que todo lo que viene a continuación carece de sorpresa. Timberlake posee un carisma innegable – vean La Red Social o Con derecho a roce porque este muchacho promete – pero pisa el mismo terreno embarrado que sus compañeros de pantalla: están tocados por un guion que habría necesitado de más de una revisión antes de la luz verde final. Sus personajes están muy poco pincelados y carecen de profundidad en muchas ocasiones, y hay secuencias que no llevan a ninguna parte – caso de la presentación de Justin – por lo que el drama deportivo se queda en saco roto.

Trouble with the curve (problema con la curva) hace honor a su título. Pero sus problemas no son con las bolas curvas sino con lo plano de su historia. Escenas que parecen salidas de un corta + pega (CTRL V) de cualquier ordenador y que podían haberse perfilado más son el principal inconveniente de la vuelta, y posiblemente despedida, a los ruedos del protagonista de Harry el sucio. Me gustó más su despedida en Gran Torino, cinta que también poseía un guion endeble pero bien soportado por una interpretación impecable de Eastwood, y en esta ocasión no le han dado cabida para su lucimiento personal (Adams y Timberlake ocupan mucho).

Eastwood ha vuelto por un favor personal. Y se lo agradezco. Es un placer cinematográfico ver ese rostro peyejoso emitiendo mala leche y veteranía. Pero nos tiene muy mal acostumbrados. Es tantas las veces que toca el cielo con sus interpretaciones que cuando nos da algo terrenal nos sabe a poco. Este último vistazo a dicho rostro – y su personaje con la ceguera progresiva también tiene las horas visibles contadas – es bien recibido. Pero no aplaudible.

Siempre espero mucho de una persona que ha soltado lindezas por la boca como ‘os voy a hacer falta hasta para haceros una paja’………

Puntuación: 6,3/10