Un pequeño apunte en lo que termino de afilar el cuchillo. Hansel y Gretel. El cuento. El auténtico (the original). Creado por los hermanos Grimm. No es sólo esa fábula maravillosa de colores y arco iris con golosinas – o chuches por si no se me entiende – de dos hermanos perdidos en un bosque con bruja malvada de por medio. Es más oscuro, tenebroso y cruel de lo que siempre se nos ha vendido. El mal personificado, lo que esa maldad hace con niños inocentes y como dos de ellos la destruyen (de manera algo salvaje sea dicho de paso). No es de extrañar que de dicha historia se pueda sacar una cinta algo violenta. Perdón, «violenta».

Bien, el cuchillo está ya afilado. A lo que vamos.

Hansel & Gretel: Cazadores de Brujas es un despropósito. Un desastre de proporciones épicas. El sinsentido del año (lo sé, no ha acabado 2013 pero dudo que veamos producciones peores). Imagínense que compran un pack de yogures que promete. Lo dejan en la nevera al probar uno de ellos, y no es que sea precisamente de su gusto particular. El resto se queda a la espera de qué hacer con ellos. O a la basura, o bien a alguna visita gorrona.

Entendido.

Pues esta película protagonizada por unos planos, sosos y sin asomo de chispa alguna Jeremy Renner y Gemma Arterton es el yogur. Nosotros la basura o bien los vecinos. Es ese alimento que no sabemos qué hacer con él. Y la audiencia que vaya a soportar los 88 minutos los que nos lo merendamos (sin epidural previa ni nada). Comida rápida y basura. Un McDonalds cinematográfico de tercera.

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Porque eso es lo que ha pasado con esta película escrita y dirigida por Tommy Wirkola – el encargado de aquella cinta de serie W llamada Zombies Nazis, otra basura pero consciente de serlo al menos – al cual bien le podrían quemar en la hoguera tras destrozar lo poco que quedaba de decencia en el cuento de los hermanos Grimm. Una cinta que llevaba unos añitos ya realizada, y que la productora no sabía qué hacer con ella o dónde situarla (Renner la hizo post En tierra Hostil pero previa a todo el éxito con misiones imposibles y vengadores). Con calzador llega. Pero oigan ustedes, un calzador tridimensional. Por si deciden pagar de más el precio de la entrada y ver alguna flecha, bala o trozos de bruja salir de la pantalla (no habrá más de 5 efectos para las dichosas gafitas).

Se lo que podrán decir muchos. El título no intenta engañar. Que conste que al entrar en la sala dejé mi sentido común y mi inteligencia en el descansillo del cine. Soy consciente de lo que acarrea una película con semejante título ,como el Abraham Lincoln: cazador de vampiros. Pero esta última tiene algo de lo que carecen los hermanitos con su barra de pan: no se toma en seria a sí misma en ningún momento. Renner y Arterton pasean despistados con un arsenal de armas muy propio de la época tales como ballestas y escopetas automáticas, un taser (léase desfibrilador para casos de emergencia), insulina e incluso un tocadiscos (repito: «»»»propio de la época»»»») sin darse cuenta en la clase de producción en la que se encuentran.

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Menos mal que para ello está la fabulosa – y desaparecida estos últimos años – Famke Janssen, hermosa y peligrosa a la vez y disfrutando de lo lindo sus momentos en pantalla (su metodo de decorar una casa es delirante). Verla junto a otro bellezón como Arterton es de las pocas alegrías para la vista de toda la película (para las féminas está el torso rocoso de Renner cómo no). Así que el conjunto es mucho ruido, unos cazadores que bien podría ser los dobles de los Power Rangers, mucho gore – algo divertido cuando la cinta saca a relucir el poco humor negro que tiene – hostias por todos lados (rocas de cartón piedra incluidas), bosques talados en cada pelea, y unas brujas que en ocasiones parecen los bocetos sobrantes de los trols del mismísimo Peter Jackson en su Señor de los Anillos.

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Por momentos no sabía si estaba viendo lo peor de aquel Van Helsing de Hugh Jackman – esos pueblos europeos de montaña – o la distraída El Secreto de los Hermanos Grimm pero dirigida por la mascota de su director Terry Gilliam.

Sus ya nombrados 88 minutos pasan volando – no en escoba – por lo que al menos es inofensiva en cuánto a hacernos perder el tiempo. Un maquillaje curioso (Janssen pasa de tentadora a repulsiva en cero coma) y unos créditos iniciales muy logrados. Y ya está.

No tuve que dejar miguitas de pan para encontrar la salida de la sala. Algo es algo.

Puntuación: 3,2/10

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