Decía el genial personaje interpretado por Eli Wallach en The Holiday (Vacaciones) – cinta que, a lo tonto, tiene ya una década – sobre el cine hoy en día que ‘En mi época se estrenaban una o dos cintas cada fin de semana, y hoy en día hay tantas que si una no recauda lo suficiente ese mismo fin de semana ya se la considera un fracaso‘. Es la definición perfecta del cine en el Siglo XXI, como comprobamos con la reciente Batman v Superman, con 872 millones a nivel mundial de recaudación y aun con esas tildada de fiasco comercial.

Independence Day en 1996 fue de los últimos casos en que una película crea un fenómeno a nivel mundial, críticas aparte, con la gente acudiendo en masa a sesiones fin de semana tras fin de semana. Todo un boom que, un servidor sigue recordando con nostalgia y cariño – aquel Cine Victor de mi localidad repleto, rodeado de los míos y aplaudiendo cada cosa que nos emocionaba – y que, tras un revisionado reciente. sigue manteniendo intacta lo que la hizo única: diversión a raudales, buenos efectos sin abuso del CGI por entonces de moda, personajes repletos de carisma, buen humor y momentos de tensión. Hasta las secuencias más absurdas (presidentes pilotos, personajes que se salvan de la muerte in extremis) eran adoradas porque tenía algo a lo que no se le puede negar el pan: capacidad de reírse de sí misma, sabiendo que ‘para chulo chulo, mi pirulo galáctico’ (y perdón por la expresión).

Este prólogo de semi-homenaje a ID4 (como se la conoció en EEUU) sirve de precedente para recordar que su tardía secuela sólo ha confirmado lo antes escrito: el apabullamiento de cine es tal, que ya (casi) nada nos sorprende cómo antaño, y que ciertas cosas es mejor dejarlas tal y como están. Acudí a una segunda parte por el bonito recuerdo de la primera, por ver de nuevo a esos personajes que me hicieron pasar un gran rato una tarde de verano en el 96 (vale que estar con 20 amigos viendo a Will Smith pegándole una hostia a un ET ayudaba un poco), esperando que tocaran aunque sea mínimamente mi fibra sensible, y de disfrutar de una nueva patada en el culo a esos invasores ajenos. Me he equivocado. O más bien su realizador Roland Emmerich, al crear que si todo es más GRANDE es mejor……..

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‘Hemos tenido 20 años para prepararnos. Ellos también.’ Así reza el eslogan, junto a un póster casi calcado a la de la original pero con la nave sobre todo el planeta en lugar de sobre una ciudad concreta, tirando a dar a los espectadores que crecimos con aquella cinta (entre muchas otras). Pues estas dos décadas no han servido de nada. Absolutamente de NA-DA. Muchas idas y venidas a una secuela (o dos), con Smith dentro o Smith fuera para finalmente repescar parte de su reparto original – Jeff Goldblum, Bill Pullman, Vivica A.Fox, Judd Hirsch – y someterles a una serie de secuencias sin sentido, con diálogos que rozan el ridículo más amplio (vergüenza ajena es decir poco en algunos momentos), pero todo muy bien aderezado con unos efectos que confirman esa premisa vista en muchas secuelas – léase Matrix o Piratas del Caribe – de que ‘multiplicamos por 1000 lo visto anteriormente’.

Un error catastral si tenemos en cuento que el «guion» merecía alguna que otra revisión, por no decir pasarlo por una trituradora de papel y escribir uno nuevo (con un poquito más de ganas y de sentido común). Un prólogo sin emoción alguna (¿recuerdan ese primer plano de ID4 con la bandera americana en la Luna tapada por la sombra de la nave? ¿o la impresionante llegada de estas a las grandes ciudades?) qué nos sitúa en una Tierra muy avanzada gracias a la tecnología alienígena, hasta con una colonia Lunar. Es decir, prepárate para ver de todo.  De ahí que la invasión nos pille a medio bostezar, a pesar de que el aterrizaje sea de lo mejor de la cinta, gracias a esa nave tan GRANDE – Emmerich debe tener algún que otro problemilla genital ejem – que posee hasta su propia gravedad (hay que admitir lo impresionante de la secuencia, las cosas como son). A partir de aquí una serie de mini historias que no llevan a ninguna parte ya que sus protagonistas son más planos que un folio. Se ha perdido esa gracias, esa chispa de espectáculo que ensombrece al espectador por encima de grandes efectos especiales gracias a una historia aunque sea mejor construida.

El contraataque es lo que acaba siendo durante dos horas (interminables) de metraje: un aburrimiento de tomo y lomo. No recuerdo la última vez que estuve en una sala deseando salir, sinceramente.

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El fin de la humanidad debe estar próximo si la cartelera veraniega se reduce a estas películas (acabo de poner todas mis expectativas en Jason Bourne y Escuadrón suicida). Y es que sin Smith al frente, solo Goldblum salva medianamente la papeleta – junto a su padre ficticio interpretado por un nuevamente simpaticón Hirsch – con Pullman de capa caída, Fox preguntándose qué demonios pinta en esta pseudo-secuela (¡ah sí¡ que son actores ya de Serie B y cualquier oportunidad de estrenar un cinta en la gran pantalla bienvenida sea) y unos personajes nuevos tan ausentes de carisma como yo de calidad futbolística. Desde un Hemsworth que no tiene ni la mitad de la simpatía de su hermano Thor – casi con seguridad será lo mejor de las nuevas Cazafantasmas – pasando por los ‘todavía en fase de pruebas’  Jessie T.Usher (el hijo de Smith en la pantalla), Maika Monroe (la hija ya mayor del personaje de Pullman) o Nicolas Wright (en la piel de ‘soy el gracioso de turno y mi único cometido es decir chistes malos y acabar matando malos a la sombra de los protas buenorros’). Espero que el futuro de la interpretación no esté en manos de esta nueva camada……..Y una cosa más: ¿Qué pasó con el personaje de la «mujer» de Goldblum? ¿se lo dejaron en el borrador mientras iban a comprar más alcohol para terminar de escribir semejante despropósito?

Me niego a que me jodan ID4. Para mí, la cinta terminó donde todo el mundo la vió. En cuanto finalize esta crítica intentaré borrar esta secuela de mi memoria, y si no lo logro le pediré al propio Will Smith que venga con su traje de Men in black y use el aparatito ese para borrar recuerdos. Sin emoción, humor – y no, el personaje de Wright no cuenta como tal – personalidad y sentido de autocrítica (por no mencionar una banda sonora ausente del genial tema principal compuesto por David Arnold, solo escuchado en algún compás puntual  y en los créditos finales, siendo una acumulación de percusiones y trompetas queriendo ser patrióticas), ID2 por llamarla de algún modo es una pérdida de tiempo cinematográfica, solo compensada en las secuencias de efectos especiales (la llegada de la ENOOOORME nave nodriza), la batalla final – con un nuevo personaje que no voy a desvelar – y el diseño de los extraterrestres mejorado gracias a los efectos visuales, pero manteniendo a la vez el espíritu de los originales: ese exoesqueleto que los cubre, con los tentáculos, y un ser de ojos tétricos en su interior que imprimen el poco «terror» de esta nueva invasión.

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Día de la independencia. ¿En serio vuelven a atacarnos el mismo día? ¿De verdad que no aprendieron de los errores? Emmerich es un experto en demoler todo, a cada cual más grande mejor, pero siempre con cierto estilo y con personajes, al menos mejor definidos, como vimos en El día del mañana o 2012, en el primer ID4 y en la que es la mejor cinta para un servidor de su filmografía, El patriota (y es que Mel Gibson, por mucha bandera americana que haya por metro cuadrado, ayuda y mucho). Esta secuela no sólo es la peor cinta de la filmografía de su realizador – por detrás incluso de Asalto al poder y 10000 – sino una de las peores películas de este 2016, absurda e innecesaria a partes iguales que no ofrecen ni una manera de escapatoria visual en medio de las altas temperaturas ya presentes entre nosotros.

Independence Day: contraataque es un ‘quiero y no puedo’, un ‘sí pero no’, una oportunidad desperdiciada en todo su esplendor que fundamenta esa premisa (no siempre cierta) de ‘segundas partes no son buenas’ y que convierte a Will Smith en el tipo más listo del planeta al desapuntarse de semejante aberración del séptimo arte. He visto programas en Telecinco con más sentido del buen gusto y hasta mejor organizados que esta secuela, que, si prometen más entregas – de momento llevan 260 millones a nivel mundial – pues si saben contar bien, que no lo hagan conmigo.

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Ahora mismo necesito una película que me desintoxique de esto, y espero que Bourne o el nuevo Joker de Jared Leto ayuden. De lo contrario me veré obligado a abandonar el blog por una temporada por ‘estrés postraumático’……..

Puntuación: 3/10.

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