Tenía 12 años cuando Stephen King entró en mi vida. Y lo hizo con una de sus novelas más aplaudidas (y largas) en un Verano en el que quedé atrapado en un pequeño pueblo llamado Derry, y una lucha entre el bien y el mal – algo habitual en la obra de King –  a través de los ojos de siete niños que se hacían llamar a sí mismos El club de los perdedores. Ese mal estaba encarnado principalmente por el que es ya un icono del cine y del terror: el payaso asesino Pennywise. No sé qué me atrajo en concreto de la novela, si su sangrienta portada, la ya conocida fama de King, el adentrarme por primera vez en un libro tan extenso – unas 1200 páginas memorables – o la historia de lucha de unos muchachos a los que nadie escucha, muy pocos quieren y, lo que es peor, nadie cree.

Tenía la edad de sus protagonistas cuando conocí la historia. Ahora tengo la edad de los adultos – casi 27 años después, cómo en la obra – para vivirla en una gran pantalla. La adaptación de IT ha sido tan extensa cómo su contenido, tan dura de llevar cómo el terror de los protagonistas o tan esperada cómo una batalla que aleje un miedo que amenazaba con acabar con sus vidas. Pennywise y Los Perdedores han llegado con fuerza, logrando que aquel niño que pasó tardes de calor entre payasos y alcantarillas vuelva a salir para escribirles sobre la que es, sin duda, una de las cintas del año y una de las películas de terror más entretenidas que han pasado por mi retina.

Por cierto, AVISO DE SPOILERS (Beep-Beep lectores).

Cada 27 años. Ese es el tiempo que ha pasado precisamente entre la (querida) adaptación televisiva y la llegada de este primer episodio de la inmortal novela del bueno de Stephen (en el que está siendo uno de sus años sin duda alguna). No voy a entrar en comparaciones entre ambas (¿Quién es mejor o peor Pennywise? ¿Cuál es más fiel? Etc etc) ni mucho menos en ese ya esperado segundo episodio de la etapa adulta. Me niego. La cinta del argentino Andy Muschietti es un ejercicio de entretenimiento de primera categoría. Dos horas y cuarto que pasan volando (yo deseé que hubiera más) y todo con un plantel de (casi) desconocidos que nos brindan unas interpretaciones repletas de naturalidad, carisma, presencia e ingenuidad a partes iguales. Solo puedo decir que BRA-VO al casting para la elección del elenco (al que entraré luego). Primero lo que pasa ‘cada 27 años en Derry’……

Y eso no es otro que la presencia de un mal que acaba con decenas de vidas, en especial de los niños. El arranque de la cinta no podría meternos mejor en vereda: a Georgie le tomas cariño en el primer minuto, y su inquietante encuentro con Pennwyse es resuelto de manera brillante por Muschietti. Brutal, visceral y palpable. Sentimos su miedo a lo desconocido, su dolor e incluso su agonía final. Breve y a la vez duradero en nuestros corazones para el resto de la cinta. IT nos ha capturado en sus primeros 10 minutos, y sólo está calentando motores.

Losers/Lovers. Es entonces cuando Los perdedores hacen presencia. Cada uno tiene su momento, su personalidad – impecable cómo se ha calcado cada matiz de la novela de King sobre los protagonistas – y sobre todo su corazón. Todos deslumbran con su propia luz, y cada diálogo suyo en pantalla es oro puro (¿acaso no nos «insultábamos» nosotros con 13 años sin ton ni son?), logran que olvidemos que es una película (fantástica), nos metamos en la piel de cada uno así como de los horrores a los que se enfrentan. Y por horrores no hablo sólo de ese mal oculto en las alcantarillas de Derry. El miedo, el auténtico miedo está en cada esquina (los adultos ignorando el ataque de unos gamberros a un niño indefenso), en nuestra propia casa (cada secuencia de Beverly, MARAVILLOSA Sophia Lillis, con su padre o de Eddie con su madre) o en el colegio (Henry Bowers y sus secuaces, o el temido bullyng que King tan bien describió hace más de 30 años y tan de moda está hoy en día). IT refleja la infancia perdida, la ausencia de credibilidad cuando eres niño y la necesidad imperiosa de forjar una «familia» con aquellos con los que compartes algo más que un pupitre en la escuela.

Un pilar llamado AMISTAD que resalta sobre cualquier otro. IT subraya con ahínco la importancia de tus amigos, unos vínculos que te unen con personas con las que compartirás risas, amores y miedos.

Es, en este variopinto grupo (dónde posee menor presencia el Mike de Chosen Jacobs y resalta el locuaz Richie de Finn Wolfhard, una estrella en potencia que rompió moldes en Stranger things y al que veremos en su Segunda temporada en poco más de un mes), en dónde pueden volver las terribles comparaciones. Sí, IT tiene mucho de Cuenta conmigo – precisamente una de las mejores adaptaciones de una obra de King también – de Una pandilla alucinante (niños contra monstruo/s), de Los Goonies (esos adultos peligrosos), de la reciente Super (parte del epílogo en las alcantarillas y en la búsqueda de la chica atrapada por la criatura) y de la nombrada Stranger things (otra ficción en la que tenemos un grupo de niños, una sola niña y un ente maligno). Y es en ese ‘aire Amblin’ en el que descansa su encanto, su magia, su atracción y, también hay que decirlo, su horror.

Si hay algo por lo que sobresale la cinta de Muschietti es la capacidad de pasar de la risa a la tensión en una milésima de segundo, esa tremenda versatilidad constante en todo el metraje. Sí, da miedo – sólo criticable en ciertas secuencias lo estridente de la, por otro lado, magnífica partitura de Benjamin Wallfish – emociona y cala en nuestro ser y, sobre todo, forman un conjunto que la convierten en una de las películas más distraídas y divertidas (en cuanto a entretenimiento, al fin y al cabo el miedo en una cinta es otra manera de evasión) de este 2017.

Todos flotan. Por supuesto no puedo terminar sin nombrar al ya icónico Pennywise de Bill Skarsgård. Cada momento suyo en pantalla – da igual la duración del mismo – son cine de terror en estado puro. Su maligna sonrisa, su constante jugueteo con sus víctimas – incluso con el inicial Georgie – hacen que la interpretación de Skarsgård no pase desapercibida. Adiós mitos de Tim Curry. Pennywise es un depredador, un asesino desgarrador que se alimenta de nuestros más profundos miedos, algo cotidiano en nuestras vidas con lo que tenemos que lidiar cada día (una pérdida, un acoso, una agresión etc). Ahí radica la genialidad de King, la colosal adaptación y conversión de Muschietti para su Pennwyse y el rostro (infantil) de Skarsgård para calar en nuestros huesos. El ataque inicial, la secuencia de la invasión en la casa o el epílogo son momentos que hacen de IT un plato de primera categoría para todo cinéfilo y amante del terror.

Y finalmente, vuelvo a mis 12 años. La novela de King es de esas que llevo tiempo pendiente de releer. Aun así, muchos de esos momentos llevan conmigo 24 años – 3 más y me pilla el payacho achechino – por lo que no vamos a entrar en mirar con lupa si cada palabra, cada página es FIEL al 100% a la obra (¿eh? Amantes de Juego de Tronos entre los que me incluyo). Muschietti calca el universo King – cada calle, cada fotograma parece salido del Derry del autor, todo un diseño de producción que se empapó de sus páginas – y los más avispados lectores disfrutarán de pequeños guiños que pasarán sin más para los no fieles del escritor de Carrie (nombres de calles, la bicicleta de Bill, su madre tocando el piano al comienzo de la cinta…..nada que nos distraiga en general). Un disfrute que merece ser vivido en una gran pantalla para reír en conjunto, saltar en conjunto – vaya ratitos me hizo pasar el colega del circo – e incluso emocionarnos sin previo aviso.

Si hay algo que tiene este IT por encima de todo es corazón. Millas y millas de corazón (cómo decía Gene Hackman en Equipo a la fuerza). El alma, la fuerza de King ha vuelto a traspasar el umbral de lo escrito para vivir en imágenes sus más oscuras pesadillas, su retorcida menta de genio e ilusionista. Ya ha entrado con fuerza en ese grupo de grandes obras del autor en cine – Cadena perpétua, la citada Cuenta conmigo, El Resplandor, Carrie, La milla verde La niebla – y todo elogio es merecido (si tienen una oportunidad, dejen desgarrarse con las páginas de la obra, con Eso). 

Una de las mejores cintas de este año, y una de las grandes de terror en lo que va de siglo. Es más, de haberse estrenado hace 30 años – incluso 27 por qué no – hoy la llamaríamos ya clásico. Nunca un eslogan ha acertado tanto: he salido flotando de la sala.

Bienvenidos al Club de los Ganadores (Beep Beep Richie).

Puntuación: 10/10.