Hay que reconocerle la versatilidad a Franco (el actor James, no el pequeñín gallego que jodió España durante 40 años). Lo mismo es el duende verde, se nos pone serio (Mi nombre es Harvey Milk y la estupenda 127 horas por la que tuvo una merecida nominación al Oscar), se apunta al cine comercial (El origen el planeta de los simios), al independiente (Sprink Breaker) o a sus gamberradas entre colegas con Seth Rogen normalmente (Superfumados, Juerga hasta el fin y la reciente The interview). Por eso ver el nombre del actor al lado de uno de los proyectos televisivos que más vueltas han dado los últimos años me confirma que Franco nunca se enfunda la misma chaqueta. O bien le gusta demostrar que puede ser un buen actor, o bien necesita el dinero para montarse otra burrada con Rogen.

El caso es que Franco será Jake Epping, un profesor de inglés que descubre una perturbación temporal con la que podrá viajar al pasado, pero solo a una fecha concreta: 1958. Epping aprovechará dicha grieta en el espacio/tiempo y más en esa fecha, para impedir uno de los atentados más dramáticos en la historia de los Estados Unidos: el asesinato del Presidente Kennedy por Lee Harvey Oswald, el 22 de Noviembre de 1963 en Texas (junto con Lincoln, los dos únicos Presidentes asesinados de toda su corta historia).

La novela de King – cuyo título habrán adivinado es la fecha del terrible suceso – ha sido una de las más vendidas y aplaudidas del maestro del terror de los últimos años (son 900 páginas más o menos que un servidor devoró sin poder casi soltar). Su adaptación no podía ser de otra manera: una miniserie con una duración total de 9 horas, producida por el mismísimo J.J. Abrams – a través de su compañía Bad Robot – y escrita ya por Bridget Carpenter (Tan muertos cómo yo).

Su rodaje tendrá lugar esta Primavera, con un presumible estreno para finales de año o comienzos del 2016 (créanme si les digo que a Franco el papel le viene como anillo el dedo).

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