Ni el propio Spielberg se libra de la criba. En Junio de 1993 el afamado realizador comenzaba un periplo de estrenos que culminarían con su primer – y merecidísimo – Oscar  al año siguiente. El director estrenaba Jurassic Park, adaptación del Best Seller del malogrado Michael Crichton, en la que un multimillonario abre un Parque Recreativo en una remota isla del Pacífico en la que sus principales atracciones son dinosaurios devueltos a la vida por medio de la ingeniería genética (la cual estaba muy de moda en los 80 y 90 gracias a la PCR).

La cinta se convirtió en la película más taquillera de la historia, creando un fenómeno de masas como pocas veces se habían contemplado. Ese mismo verano, en pleno alud de millones, rodaba La Lista de Schindler la cual estrenaría a finales de año deportándole el ya nombrado y codiciado Oscar de la Academia. Esa tradición de estrenar un cinta en verano para, mientras, rodar otra que llegaría a las pantallas a finales del mismo año es algo que luego ha repetido en películas como Minority Report  y Atrápame si puedes en 2002 o La Guerra de los Mundos y Munich en 2005 por citar unos casos.

El 19 de Julio del 2013  llega la conversión al 3D del parque del señor Hammond – con motivo del 20 aniversario del estreno de la primera parte – la cual servirá a muchos para redescubrir una cinta que marcó un antes y un después en la era digital, o para que los más pequeños disfruten en una gran pantalla de las huidas de los velocirraptores. Los que me leen saben de mi repulsa a tal formato tridimensional, pero volver a disfrutar en todo su esplendor de algo que me hizo amar el cine a los 13 años es un caramelo muy delicioso y tentador que dudo que pueda rechazar.