Permítanme que me pongo un poco nostálgico. Solo un poco (de momento). Tenía 12 años cuando con un grupo de amigos de la infancia – si alguno lee esto espero lo recuerde de la misma manera – fuimos a ver Jurassic Park el mismito día del estreno en primera función. Un verano entero esperando verla (a nosotros llegó en Octubre). No me creía estar viéndola. La taquillera cinta de Spielberg no solo marcó un antes y un después en el séptimo arte, sino en un servidor: puedo afirmar que mi ‘enfermedaddecine’ empezó aquel viernes. No puedo describirles la sensación.

Seguro que muchos la han tenido, en alguna ocasión, en una sala de cine. Sentir algo, vivirlo…….Cuando John Hammond decía la inmortal frase Bienvenidos a Jurassic Park nos la decía a todos.

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Bienvenidos a Jurassic World. Ahora el parque ha abierto – al fin – sus puertas. Han pasado 23 años, y una cuarta entrega que nos llega en pleno 2015, donde ya (casi) nada sorprende al espectador, y cuya última cinta jurásica fue hace ya 14 años (los niños de entonces ya no lo son). Y de los 4 años de vida de este blog me enfrento a la crítica más difícil hasta entonces. No por decidir si lo que he visto/vivido es malo/bueno, o buscarle pros y contras, sino porque la base de esta película, la esencia de la misma es aquella que me dejo sin parpadear hace más de dos décadas. Intentar no dejarme llevar por la niñez, o cada recuerdo de la original resulta muy, muy imposible…….

De momento tenemos parque nuevo, misma isla, nuevas reglas, «nueva» tecnología pero mismas meteduras de pata. La cinta que dirige el desconocido Colin Trevorrow propone más o menos lo que vimos hace tiempo, pero con una sobredosis de acción y menos suspense, respetando en todo momento sus orígenes (y mucho) cumpliendo con creces las expectativas de ‘peli veraniega’ tanto para los adultos (y que fuimos niños con el primer Jurassic) y los niños. El sueño de Hammond – que tiene su homenaje, en especial tras el fallecimiento durante el rodaje de Richard Attenborough – es real, pero peligroso. El inconformismo de la humanidad, y jugar a ser Dios (¡qué razón tenía Malcolm!) tiene un precio. Muy elevado.

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Mosquitos en ámbar. Ya lo decía Mr.ADN. Ahí reside el milagro. Dar un paso más es probar la temida ruleta rusa. He de admitir que tenía mis prejuicios respecto al nuevo dinosaurio. También a esos velocirraptores «amaestrados». Me alegro haberme equivocado. Tanto la nueva especie como los viejos conocidos lucen espectacular, y provocan en el espectador la sensación ya conocida de tensión constante. Una cinta que anda ya por la cuarta entrega sabe que su baza de la sorpresa está perdida – ¿recuerdan la primera vez que vieron al Rex entre la lluvia romper la valla? – y decide apostar por otro lado: espectáculo, diversión constante, humor (menos de lo esperado, quizás de mis pocas pegas) y aventura a raudales. La reinvención funciona (miren el último Mad Max) y se ganan el derecho a más……..

Secuencias cómo la presentación del parque (con la GRANDIOSA partitura de John Williams a cargo de Michael Giacchino, un más que digno sucesor del mejor compositor de la historia del cine), el primer ataque del Indominus Rex – esos restos de sangre y «comida» en sus fauces, espeluznante – la carrera nocturna con los velocirraptores (y la consecuencia de la misma, rodada con precisión atronadora), el epílogo (con la entrada del dueño del parque) o la visita a la pajarera suponen un torbellino de cinefilia sin tiempo a tomar aire. Es un ‘no se vayan todavía, aún hay más’ (por mí, que no hubiera terminado de lo divertido que estaba), una carrera a contrarreloj por la supervivencia (me sorprendió, gratamente, la «violencia» de la cinta en ciertas secuencias……el rojo es muy visible).

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Controlando a las bestias. No todo son los animales prehistóricos. Y aunque no tengamos el carisma de Ian Malcolm (¡enorme Jeff Goldblum!) o la picaresca de Alan Grant, bien nos vale el muy de moda Chris Pratt – menos «cachondo» que en Guardianes de la Galaxia, pero igual de eficaz – y la bella presencia de Bryce Dallas Howard (de magnate a improvisada heorína).  Y si la química entre ambos es patente, también lo es la comodidad con la que la pareja (en especial Pratt) se mueven entre bestias extintas, con un malo de turno (Vincent D’Onofrio pasándoselo teta), unos niños por supuesto y un viejo conocido (el Doctor Wu, menos naturalista y más capitalista de lo que le conocimos). Los niños querrán a un Owen/Pratt que les proteja, las mujeres un hombre así a su lado y los hombres……querer ser el ¿no?

Dejo para el final la nostalgia de la que les hablé. Y es que Jurassic World es un torrente de guiños/homenaje a la primera entrega. Desde la música – todos los pelos de punta al escuchar en una sala de cine nuevamente el tema principal, hasta una lágrima me cayó – pasando por personajes, lugares y cierto merchandising que hacen las delicias de los que pisamos aquel parque en pre-apertura hace 23 años. Nunca se abrió, pero no repararon en gastos……..

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Permítanme otra cosa: no voy a puntuar la cinta, no importa el 7 el 4 o el 10, sino la sensación de volver a la Isla Nublar, donde comenzó la afición que hace que ustedes lean esto.

Les decía al principio que tenía 12 años cuando me invitaron a Jurassic Park. He visto finalmente el parque a pleno funcionamiento, he visitado Jurassic World. Y sigo teniendo 12 años……..

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