La película empieza como todo en Los Ángeles: en la autopista. Aquí es donde Sebastian (Ryan Gosling) conoce a Mia (Emma Stone), gracias a un desdeñoso claxon en medio de un atasco, que refleja a la perfección el estancamiento de sus respectivas vidas. Los dos están centrados en las esperanzas habituales que ofrece la ciudad. Sebastian intenta convencer a la gente en pleno siglo XXI de que les guste el jazz tradicional y Mia solo quiere acabar por una vez una prueba de casting sin que la interrumpan con un “gracias por venir”. Ninguno de los dos imagina que su inesperado encuentro les va a llevar por un camino que jamás habrían podido recorrer solos.

Es la película de moda en Hollywood, como atestiguan sus 7 Globos de Oro esta pasada madrugada (un pleno y un record: nunca nadie había ganado tantos), lo que la convierten en la favorita de los Oscars el próximo Febrero. Su realizador Damien Chazelle – con el que un servidor todavía alucina que se llevase el premio a Mejor Director por delante de Mel Gibson y esa lección cinematográfica llamada Hasta el último hombre – ha reunido por tercera ocasión a Gosling y Stone (tras Crazy, Stupid, Love Gangster Squad) para que den el Do de pecho en este musical que tiene toda la pinta de ser el nuevo Chicago My fair lady (o quedarse en un nuevo Los Miserables).

De momento es el mes de los estrenos de las nominadas – atención a Loving, la muy vapuleada Vivir de noche de Ben Affleck o el mes que viene con Loving Manchester frente al mar – con esta Tierra del La La que nos llega este mismo viernes.

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