Durante los años 60 y parte de los 70, el mundo del terror cinematográfico cobró suma importancia gracias a una productora inglesa que, sin ningún tipo de pretensiones, llevó adelante todo tipo de proyectos con cierto ambiente gótico en los mismos. Les hablamos de la conocida Hammer Productions, fundada en 1934 y que desde 1955 hasta finales de los 70 nos brindó clásicos como Drácula, Frankenstein o La Momia (sus pilares artísticos eran Christopher Lee y el desaparecido Peter Cushing). Los homenajes que ha recibido dicha productora desde su «descanso» son incontables, y directores de la talla de George Lucas o Tim Burton hicieron todo tipo de artimañas para contratar a Cushing y Lee para sus películas.

Les hablo de Hammer porque esta Mujer de Negro tiene su sello, al menos en lo que a producción se refiere: tenemos una muy correcta cinta de terror inglés, en dónde lo espectacular o comercial destaca por su ausencia, algo muy de agradecer para variar en la cartelera. Su protagonista para los no seguidores del mago Harry Potter puede que ni les suene el nombre, y los que por el contrario lo conocen intentarán verle profundizar en proyectos que se alejen (mucho) de la famosa saga de Warner. Radcliffe acierta con esta cinta, ya que aunque nos cueste unas secuencias ver delante nuestro a un abogado del siglo XIX en lugar de al famoso mago, finalmente no vemos a Potter sino a una persona que vive sumida en una tristeza profunda que le hace estar muy desmarcado emocionalmente (si cuesta, sin embargo, creernos verle como padre). El joven actor ya tiene una cuenta corriente lo suficientemente amplia como para probar cosas diferentes, arriesgar y hacer lo que le guste aunque con ello no se llene mucho el bolsillo. Es actuar por pasión, por amor a lo que uno hace. Y aunque le queda mucho que recorrer aún, el primer paso ha sido idóneo (recalco: le queda MUCHO por aprender).

No he podido leer la novela en la que se basa la cinta, escrita por Susan Hill, pero tengo conocimiento de que la cinta se toma ciertas libertades creativas. No es nada malo. Busquen un libro cuya adaptación sea fiel al 100%. En esta película no prima la fidelidad, sino las sensaciones que nos transmita. La implicación en la trama. El miedo no a lo desconocido, sino a nuestros errores del pasado, a la infancia perdida, a que nos arrebaten lo que más queremos (y no son nuestras propias vidas). La mujer de negro no es una cinta de terror convencional. No acude al susto fácil, sino al adecuado. Es en ese pueblo donde tienen lugar los acontecimientos y particularmente en la mansión abandonada dónde radica el poder de la cinta. La atmósfera es inquietante y el montaje al que se nos somete es visceral, crudo e intenso en determinadas secuencias. La noche que el abogado pasa en la casa es una incesante sesión de fenómenos que harían las delicias del Iker Jiménez de turno.

El cuento de fantasmas es efectivo, aunque a veces la historia pierda algo de garra y caiga en lo previsible e incluso en lo absurdo (ese cuerpo desaparecido que el protagonista no tiene problema en localizar). Y como en este tipo de producciones, la labor de los secundarios es superior a los protagonistas (Ciarán Hinds va a más como intérprete). El desgarrador relato así como su conclusión son el resultado de unos pecados no exculpados a tiempo, lo que nos lleva a la premisa de que todo tiene su precio. Y acaba pasando factura. Tarde o temprano.

Puntuación: 6,6/10