¡Así siempre a los tiranos! John Wilkes Booth pronunció esta frase tras efectuar un único disparo a la cabeza del presidente Abraham Lincoln el 15 de abril de 1865, mientras este asistía a una representación teatral en compañía de su esposa Mary Todd. Tenía 56 años. Lo que Wilkes – que era simpatizante del sur – logró con ese disparo fue elevar a la categoría de mito a una persona que luchó por los derechos de las personas como nadie lo había hecho hasta entonces, y que no cesó en su empeño hasta lograr que todos pudiésemos ser vistos con los mismos ojos ante la ley. Spielberg plasma esos últimos meses de vida, especialmente de entrega, en la que es su película más personal hasta la fecha.

Escribir sobre un realizador que lleva 40 años en la cresta de la ola, ofreciendo toda clase de entretenimientos de primera categoría y abordando todos los géneros posibles es para mi un placer como mero aficionado al cine (y especialmente a SU cine). Ustedes mismos pueden comprobar la grandiosidad de su profesión buscando únicamente una cinta que lleve su nombre desde los años 70 hasta ahora (desde Tiburón, pasando por E.T. o Parque Jurásico y la reciente Las Aventuras de Tintín). Sabe con quién codearse. Y son de lo mejorcito en su terreno. Este Lincoln es una congregación de talentos como pocas veces se han visto en una gran pantalla. Todos dan lo mejor de sí para traernos un (casi) documental que versa sobre la lucha, la valentía, el poder, el sacrificio, la familia, el amor, la amistad, la traición y el coraje en una época que nos parece ahora muy distante.

Daniel Day Lewis.

Sobran las palabras ante un actor que ofrece otra lección magistral de actuación. Estamos ante el que es, posiblemente, uno de los mejores actores de la historia del cine (camino del que podría ser su tercer Oscar). ‘Hacer de Lincoln es como enfrentarse a la montaña más alta del mundo’ dijo el actor inglés sobre un papel que llegó a rechazar hasta en 2 ocasiones. Lewis ha coronado la montaña haciendo que podamos ver – y escuchar – al decimosexto presidente de los Estados Unidos.  Su mirada persistente y agotada – tanto sentimental como profesionalmente – transmiten el agotamiento íntimo de un Lincoln que dio hasta su último aliento por su país, sacrificando hasta lo que más quería (la prematura muerte de uno de sus hijos). Desde su elegante presentación, pasando por sus momentos más duros personalmente – el dolor al hablar de su hijo fallecido – y su proclamación de emancipación para los esclavos, la conocida como decimotercera enmienda.

Si Lewis es el capitán de este buque que navega por aguas apacibles con ritmo pausado pero seguro, su tripulación no desentona en el conjunto. Desde una recuperada y semi olvidada en la gran pantalla Sally Field – desgarradora su escena con Lewis en la habitación del hijo de ambos – pasando por un plantel de secundarios tan exquisito como soberbio (John Hawkes, David Strathairn, Jared Harris, Lee Pace o Hal Holbrook) donde brillan especialmente Joseph Gordon-Levitt (su reacción ante el lado más desagradable de una guerra a la que desea alistarse) y James Spader (hilarante en su incesante búsqueda de votos, y cada aparición suya provoca una sonrisa de complicidad en la platea).

Y al igual que Day Lewis merece una mención aparte en el lujoso reparto del que se ha rodeado el director de Munich no lo es menos un Tommy Lee Jones al que nunca habíamos visto tan bien (si, les hablo de su mejor actuación hasta la fecha). Un Thaddeus Stevens a la medida del Jones más cascarrabias pero sincero, emotivo, espontáneo y carismático, repleto de matices y con un alma entregada completamente a la causa. Puro corazón en un Jones cuya última escena en la cinta, la cual aquí no voy a desvelar, es digna de todos los elogios que puedan darse (tiene duros competidores para el Oscar, todos ganadores previamente).

Como he comentado al principio Spielberg se codea con los mejores. Lleva años haciéndolo, por lo que sus trabajos son lo más parecido a una barbacoa familiar: el preciso montaje de Michael Khan (la votación final); la banda sonora del mejor compositor de la historia, un John Williams más discreto ya que la cinta prima los diálogos sobre la acción de las situaciones; el delicado diseño de producción de Rick Carter y la fotografía de Janusz Kaminski (quizás sobresaturada en determinados momentos sin necesidad). Todo ello sirve para que cada frase del guion de Toby Kushner – el cual sufrió varias revisiones hasta que fue del agrado de director y protagonista principal – se mimetize con la mejor atmósfera posible, no sin ello poder provocar cierta confusión e incluso pesadez en los espectadores no acostumbrados a los nombres, lugares y/o acontecimientos de la historia de los Estados Unidos.

Spielberg en la intimidad. El visionario en su trabajo más duro – 12 años para sacarlo adelante – pero a la vez más apacible . No esperen esa clase de espectáculos al que nos tiene (mal) acostumbrados el genial director. Lincoln es maestría en reposo. Calidez en la interpretación. Un retrato político de una época no muy distinta a la que ahora nos ocupa (la palabra crisis estaba disfrazada en forma de contienda bélica). Es la película americana por excelencia. El soplo de magnitud de un icono de la historia.

Y todo ello mostrado por 2 leyendas vivientes del arte cinematográfico: Day Lewis y Spielberg. Un Spielberg que, por si quedaba todavía algún resquicio de duda, es el mejor director de todos los tiempos. El Lincoln de su tiempo.

Puntuación: 8,1/10

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