Curioso género el de la comedia. Posiblemente es el que más estrenos ocupa por año – junto al de la acción – y no por ello nunca ha pasado de moda (no como el Western por citar un ejemplo). Y desde aquí, al comienzo de esta humilde y sencilla crítica, hago un llamamiento para cuidar y valorar un ámbito que posee la peculiaridad de poder ser varias cosas a la vez. Tenemos comedias de acción, comedias románticas, comedias oscuras/brutas (el llamado humor negro tan poco apreciado, y si no vean Very Bad Things), comedias que parodian otras comedias y comedias de terror. Es un 2×1 de manera sutil.

Cuerpos calientes (el curioso título original de estas Memorias de….) es el Romeo y Julieta de los zombies, con mucho cachondeo de por medio. Es una historia de amor (muy bien disimulada) sin empalague de por medio, y que se aprovecha de los cánones ya establecidos en el mundo de los muertos vivientes para dar un giro de tuerca y lograr una de las cintas más originales a la par que sencilla y encantadora que podremos saborear en los próximos meses en la cartelera en este 2013 (y en lo que va de año). Un destello de que no todo está podrido en Hollywood (solo los muertos de esta cinta).

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El mérito hay que atribuirlo a su realizador Jonathan Levine que, adaptando la novela de Isaac Marion – cameo de zombie en la cinta por cierto de este – construye una fábula de chico (cadáver) se enamora de chica, con el rechazo del padre de esta. Su falta de pretensiones, su cúmulo de humor que no cae en lo ridículo y unos actores muy conscientes de la producción en la que se hallan son el reclamo para una película apta para sacar una sonrisa al espectador. Hay comedias que se creen graciosas y no lo son. Esta hace con los zombies lo que bien podía haber hecho la (horrible) saga Crepúsculo por los vampiros: tomarse menos en seria a sí misma, usar todo lo escrito hasta el momento y querer ir un poco más lejos todavía. El amor no tiene porqué ser una sucesión de diálogos tontorrones repletos de cursilerías que rozan el ridículo. El amor puede ser una simple mirada.

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Y esa mirada (algo perdida al comienzo) que transmite un ascendente Nicholas Hoult le otorga más credibilidad que los Pattinson y Stewart de turno (hasta un zombie actúa mejor que estos 2). A pesar de su titubeante arranque (previsible y plano en el que llegué a temblar temiéndome otro tranque estúpido), la cinta de Levine va tomando altura desde que Hoult se encapricha de su chica mortal – una Teresa Palmer eficaz, no siendo una mera ‘cara bonita’ – provocando que vayamos sintiendo por el personaje de Hoult lo mismo que Palmer. De ahí momentos que marcan un equilibrio ideal entre la comedia y el amor (que sí, que alguien se puede enamorar de un muerto) como todos los acontecidos en el lugar de reposo de Hoult, o esa declaración bajo un bacón muy Shakesperiana (dejo de lado el genial clímax de la cinta para que el espectador juzgue por sí mismo lo arriesgado de la propuesta de Levine).

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El enemigo son los efectos visuales (demasiado digital, muy artificial) para esos «huesudos» que bien podrían ser los primos lejanos de los muertos vivientes del Soy Leyenda de Will Smith. No se ustedes, pero prefiero unos efectos cutres en una buena cinta que unos efectos de escándalo en una mierda descomunal (léase Battleship). No me he olvidado de John Malkovich haciendo bueno, pues de John Malkovich en estos últimos años (viejo, cascarrabias, exagerado….). Y un curioso apunte: primera cinta de zombies sin nada desagradable para la platea. ¿Ven como si se quiere se puede?

No por algo dije que es un Romeo y Julieta peculiar. El zombie recibe el apodo de R, Palmer es Julie (ta), el novio de esta Perry (el Paris de Shakespeare), el mejor amigo de R es M (Mercutio, genialmente interpretado por Rob Corddry) y la mejor amiga de Julie es Nora (o la nurse que siempre iba con Julieta). Todo edulcorado con una de las mejores selecciones musicales vistas y escuchadas para una película: desde Bruce Springteen, a clásicos de Guns’n Roses, Bob Dylan, Scorpions o ese impagable ‘Missing you’ de John Waite (esto si es gusto musical ¿eh,Stephenie Meyer?). ¡Am! También están los M83, creadores de la banda sonora de la reciente Oblivion, y una de las mejores en lo que va de siglo. Si es que cuando hay buen gusto…….

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Lo que no podré entender es que las millones de fans que llenan salas con pelis de vampiros brillantes que se enamoran de humanas rechacen un producto de estas características, cuando es claramente superior en todos los aspectos. Cambien Drácula por una de las criaturas salidas de la mente de George A. Romero. Y listo.

Simpática. Tierna por momentos. Típica, pero diferente al mismo tiempo. Una buena ocasión de pasar un rato agradable para esos tiempos muertos que tenemos a veces.

Puntuación: 6,9/10.

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