Cuatro años llevábamos sin ver al popular Will Smith en la gran pantalla. Hasta el 2008, el actor afroamericano iba a estreno por año, e incluso en ocasiones a dos (ese año hizo Hancock y la infravalorada y taquillera/fracaso, según el cristal con el que se mire, Siete almas). Así que para su regreso ¿triunfal? apuesta a caballo ganador: el Agente J, posiblemente el personaje con el que terminó de lanzarse a la fama hace ya 15 años. Y vuelve con (escasas) novedades pero sobre todo con mucho, muchísimo material reciclado. Pónganse una venda y hagan como si no hubiesen visto las 2 entregas anteriores. Solo que en lugar de venda nos ofrecen unas gafas 3D.

Una adaptación tridimensional INNECESARIA (a ver si de una puñetera vez a los dirigentes Hollywoodienses les entra en sus molleras). Bien, a partir de aquí lo que nos ofrece Barry Sonnefield es una cinta con algo de humor, buenos efectos, una historia muy sencilla pero repleta de vacíos argumentales – dicen las malas lenguas que el guion era revisado durante el propio rodaje por Smith, el cual tiende a controlarlo todo – y sobre todo unos actores que ya ni se esfuerzan en hacer creíbles a los Agentes que vigilan nuestro Universo. Para eso ya estaban las entregas previas. No se si por la edad o porque ya no tienen que ganarse nuestra simpatía, Smith y el (breve pero eficaz) Tommy Lee Jones emiten una química evidente, en lugar de volver a mostrar lo eficiente de su peculiar unión. Will es el simpático e impulsivo (se controla un pelín menos, solo un pelín), y Jones es la sobriedad, la madurez  y la experiencia.

Así que la baza fuerte de la cinta es el Agente K con 40 años menos, un genial Josh Brolin que logra algo muy difícil: no imitar, sino SER el papel para el que se la ha designado. En todo momento nos creemos que es Jones rejuvenecido, sus gestos, miradas, reacciones…..e incluso con un plus que hasta entonces desconocíamos en el veterano Agente: corazón. Brolin aporta frescura a una tercera entrega que, junto con el salto al pasado, lleva a cabo sus dos mejores aciertos. Pero esos años 60 tan vistosos no contribuyen a que el desarrollo de las desventuras de J sean más divertidas o novedosas. Hay humor de sonrisa, no de risa. Queda claro que en el guion de Etan Cohen (mucho más inspirado en Tropic Thunder junto a Ben Stiller) metió mano Smith, para hacer de la cinta un vehículo de lucimiento y vuelta al ruedo con todo tipo de fuegos arficiales.

Fuegos fallidos. Si Brolin y que el transcurso de la trama transcurra en los 60, con un espectacular y emotivo climax en Cabo Cañaveral, son los aciertos (no olvidemos a Emma Thompson y al ya comentado Jones) en el otro lado de la balanza tenemos los defectos. Ese guion «Smithsiado», una desgana en ciertas secuencias a pesar de la energía con la que rueda Sonnefield – el cual ahora ha puesto a parir a la segunda parte para alabar esta entrega………..haberte dado cuenta mientras la rodabas macho – un villano tan temible como el de la primera parte pero escaso de recursos y unos secundarios horrorosos (Michael Stuhlbarg produce arcadas, a la altura del Johnny Knoxville de la cinta previa) pues hacen que esta trilogía tenga un balance algo desequilibrado. La pareja Smith – Jones parece dar muestras de desgaste (10 años desde la última parte).

Si nos ofreces lo mismo, asegúrate que tenga frescura o bien haya espacio para la sorpresa. Mejor que la segunda  – el villano, menos payasadas de Smith, el toque emocional que, por cierto, ha sido criticado – pero inferior a una cinta que tiene ya quince años – aquel Men in Black fue un soplo de aire fresco en la cartelera, con una pareja impensable, correctos secundarios y humor para todas las edades – así que el posible cierre de la trilogía se olvida tan pronto hayan salido de la sala. Puede que el neuralizador de los Agentes funcione de verdad entonces.

Puntuación: 5,5/10