Mientras sortea a unos rusos cabreados, al Mi5 británico, a su esposa de piernas imposibles y a un terrorista internacional, el elegante marchante de arte y granuja a tiempo parcial, Charlie Mortdecai (Johnny Depp), deberá cruzar el globo armado únicamente con su elegancia y su encanto especial en una carrera para recuperar una pintura robada que, se rumorea, contiene el código de cuenta de un banco perdido lleno de oro Nazi.

Si todo marcha como está previsto, Depp comenzará a rodar Piratas del Caribe: Dead men tell no tales (la quinta entrega ya de la saga iniciada en 2003, y cuyo título ya se nombraba en una de las entregas) este mes de Febrero. Y debe estar deseándolo. Porque el actor de Sleepy Hollow ha perdido parte de su tirón Sparrow, y es tan venenoso para la taquilla cómo Belén Esteban para Olvidos Hormigos (si, hago un chiste malo sobre el culebrón televisivo ¿y qué?). El último taquillazo del actor fue, precisamente, el último Piratas del Caribe y eso fue allá por 2011 (justito antes de abrir este blog).

Desde entonces su cadena de fracasos ya está a la altura de marcarse un Nicolas Cage o un Nicole Kidman: Los diarios del ron, Sombras tenebrosas – la única que podría escapar de la criba – El llanero solitario, Trascendence y este mismo fin de semana en Estados Unidos este Mortdecai que volvía a reunir al actor con el realizador/guionista David Koepp tras La ventana secreta en 2004. Así que esperando que la reunión Depp/Ewan McGregor/Gwyneth Paltrow tenga mejor suerte en el resto del mundo (a nosotros llega el 17 de Abril), Johnny debe estar contando los días hasta Julio de 2017 para reventar taquillas de manera muy pirata (o bien antes, en Mayo de 2016 con la secuela de Alicia en el país de las maravillas).

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