Ciencia Ficción. Dos palabras no muy habituales en los últimos años en la cartelera cinematográfica. No, no me sirven ni Super 8 – cada vez que la veo me parece que mejora – ni Cowboys & Aliens ni Los Vengadores. Es más, creo recordar que lo último decente en dicho género nos vino hace ya 3 años con el reboot de la franquicia Star Trek por parte de J.J. Abrams (que cosas, el director de Super 8) y cuya secuela se encuentra en rodaje. Precisamente este Prometheus y Abrams tienen algo en común: el guionista es Damon Lindelof (junto con Jon Spailths), y ambos colaboraron juntos en la magnífica serie Perdidos. Pero lo que Abrams creó, Lindelof se lo cargó……o más bien no supo que hacer con tanto material. En la última película del británico Ridley Scott ha cometido el mismo error.

Con tantos rumores de si era o no una precuela de Alien, lo que pretendía Scott era posiblemente despistar a la par que evitar unas elevadas expectativas de aquellos seguidores que consideran al realizador de Black Rain un maestro de la ciencia ficción por haber rodado de manera casi simultánea Alien, el Octavo Pasajero y Blade Runner (una de las películas más sobrevaloradas de la historia). Pero he aquí que Scott llevaba 30 años sin abordar dicho género, y demostrando en cintas como Black Hawk Derribado, Red de Mentiras, Robin Hood e incluso Los Impostores (¿hace falta nombrar Gladiator?) que es uno de los mejores realizadores del panorama actual sin necesidad de mostrarnos un futuro incierto y oscuro. Pero incluso los mejores pueden tener un mal día. Todo lo que podía haber salido bien no ha salido bien, y aunque hay aciertos – Scott mezcla el terror con el género fantástico de manera única – es, en la mano de Lindelof, donde encontramos el talón de Aquiles de la cinta.

Todo es «muy bonito». A pesar de contar con un elevado número de efectos visuales, tanto los decorados – de una magnitud pocas veces vistos – y la fotografía están cuidadas a la perfección. Los actores (espléndidos, todo hay que decirlo) no necesitan de la actuación ante determinados momentos en que incluso el espectador puede sentirse abrumado ante la calidad de las imágenes. Es un festín visual. Su sencilla presentación con una serie de panorámicas de nuestro planeta son un regalo para la vista. Y es que Scott en eso no tiene un pelo de tonto: el diseño de producción, y el montaje es controlado al milímetro, lo que impide que se le escapen detalles.

Quizás estaba tan preocupado en esos aspectos que obvió un pilar fundamental: una historia que plantea mucho y contesta poco. Ese «esto me suena» con unas dosis de «ya me lo esperaba» abundan en todo el metraje, y aunque las eternas preguntas ‘¿Quiénes somos? ¿A donde vamos?’ son trazadas con una elegancia y una perspectiva poco usual en el cine, es la ausencia de respuestas contundentes lo que hacen que la resolución de toda la aventura carezca de la profundidad que pretendían darle. Diálogos sin alma – a pesar de que ciertos miembros del reparto dan lo mejor de sí en su lucha entre fe y conocimiento – que no ayudan a que su trama tenga el calado que podría tener (hablamos de nuestros orígenes joder), por lo que Scott hace lo que puede con un material que, desconozco, por que no modificó o llevó a su terreno.

Y me da rabia porque teníamos ante nosotros una de las propuestas más, a priori, interesantes en lo que llevamos de 2012. La elección del reparto por ejemplo (arriesgada) pero que demuestra que el director inglés sabe lo que se hace: una Noomi Rapace que demuestra que su actuación en el Millennium sueco no fue pura casualidad – a pesar de que en Sherlock Holmes: juego de sombras sea lo peor de la función – y que puede llevar ella solita el peso de una cinta de características colosales; Michael Fassbender (inquietante) es de lo mejorcito del panorama actual; y unos Guy Pearce y Charlize Theron confirmando un muy buen año (el primero lo rematará en Sin Ley, y la segunda en otro papel fuera de lo que nos tiene habituados junto a aquella malvada Madrastra de Blancanieves). Todo ello hace que secuencias como la «auto-operación» de Rapace o el primer ataque de los «habitantes» a la tripulación figuren entre varios de los momentos más terroríficos de este año (me recordó a la recomendable Horizonte Final, otro ejemplo de que terror y ciencia ficción pueden ir bien de la mano……….aunque en ésta el final también es para dar de comer aparte).

Pero tenemos un plato que degustamos a medias. Vale, no esta mal el entrante. Los acompañamientos del segundo estaban curiosos. Pero al postre le falta azúcar. Y pintaban mucho mejor en la fotografía del menú de la entrada.

Ciencia Ficción. A medias. Un conjunto inacabado. Tiene el atrezzo ideal, el envoltorio adecuado. Precisión visual intachable, dirección artística exquisita, y un reparto a la altura (que no tiene que ser necesariamente de altura ojo) son las bazas de esta cinta. Pero que alguien le diga YA a Lindelof que lo que tiene de bueno a la hora de plantear argumentos le escasea para poder llevarlos a buen puerto (por no decir a puerto equivocado).

Un regalo para la vista. No tanto para los oídos.

Puntuación: 5,7/10