Ready Player One. Insert magic.

Tenía 12 años cuando entré en una sala de cine para vivir una experiencia que cambiaría mi vida a partir de entonces. Tal cual. Iba a ver una película – la cual llevaba ya meses esperando, algo por entonces inusual ya que dependíamos únicamente de tráilers y pósters para saber que vendría – y me encontré de frente con una serie de sensaciones que jamas había tenido hasta mi corta edad de aquel año. No vi una película: la viví en cada fotograma. Lo que tenía ante mis ojos me caló tan profundo, que el blog que aquí tienen es fruto de esa pasión/enfermedad por el Séptimo arte a la que acudo siempre que tengo ocasión. ¿La película? Jurassic Park. Su director: STEVEN SPIELBERG.

Un nombre que une fantasía, aventura, acción, humor, terror, drama, ciencia ficción, historia…….todo lo que ha podido abarcar este auténtico GENIO durante más de 5 décadas distintas, logrando éxitos en todos y cada una de ellos y demostrando una versatilidad prácticamente inigualable. Y si hay un calificativo que siempre ha estado ligado a su nombre/filmografía es el de MAGIA. Spielberg no hace cine, hace magia. Y con Ready Player One ha demostrado (oooooootra vez) que no hay nadie como él para sacar ‘conejos de una chistera’. Pasen y vean. O, mejor dicho, pasen y sientan……..

Bienvenidos a OASIS. Un mundo salido de la mano del autor Ernest Cline – y cuyo libro no habría existido sin ese cine/cultura de los 80, en la que algo tuvo que ver en parte el director de Tiburón – en el que nos plantamos en un futuro quizás no tan lejano (y “ficticio”) al que la mayoría de los seres humanos huyen de la realidad en un universo alternativo repleto de todo lo que abarque nuestra imaginación. Y aunque todos los trailers hasta la fecha nos presentan ya el nombrado OASIS, Spielberg se toma su tiempo para hacerlo en el prólogo de la cinta junto a un Wade Watts (maravilloso Tye Sheridan) tan cotidiano que muchos podrían identificarse fácilmente con él (chico enganchado a videojuegos, enamorado en secreto de una chica, con problemas en casa etc….). Es entonces cuando la trama principal no se hace esperar: el creador de dicha realidad virtual, James Halliday (breve pero siempre eficaz Mark Rylance) ha dejado tres retos ocultos, cada uno con una llave que conduciría al siguiente para un ‘Huevo de pascua’ final cuyo premio es………ser el dueño de OASIS.

Spielberg arranca el motor de su Delorean particular – todas las referencias que hay en la cinta son pura DELICIA para los ochenteros, amantes del cine, y de la música y videojuegos retro – para meternos en una aventura absolutamente magistral, dirigida con pulso firmo (les hablo de un SEÑOR DE 71 AÑOS por Dios y la Virgen, ya que estamos en Semana Santa) y que suponen un festín para la vista y los oídos como pocas veces recuerdo en una sala de cine (podría decirles que experimenté algo así con una tal Jurassic Park…..pero me suena que algo he comentado al respecto). El realizador de E.T. mantiene intacto el espíritu y corazón del libro de Cline a la par que ofrece grandes (¿y mejores?) cambios respecto al mismo, especialmente en las 3 pruebas a la que hice mención. Si han leído el libro no importa, se van a sorprender igual (o más). Si no lo han leído también. Si han vivido los 80, agárrense fuerte. Y si van con niños/jóvenes pues posiblemente para ellos Ready Player One se acabe convirtiendo en lo que fue para mí aquella visita a ese parque de “atracciones” tan especial……

Llaves ocultas. No voy a detenerme en las ya nombradas referencias. Ya los avances eran una catarata de personajes, iconos y rostros conocidos que sólo son la punta del iceberg de lo que encontraremos una vez arranque la partida. Ese culmen llega en la primera prueba, la cual no se hace mucho de rogar, una carrera ya intuida en el tráiler que demuestra por qué Spielberg es quien es y el resto de los demás simples mortales cinematográficos. Solo alguien cómo él es capaz de clavarte en la butaca sin necesidad de adornos, siendo un pasajero más de Perzival (el avatar de Wats) en un coche que nos resulta familiar a lo largo de una ‘montaña rusa’ a la que la palabra emoción se le queda demasiado pequeña. No hace falta saturar ni marear al espectador si lo que logras es bueno y directo. Por citarles un ejemplo ¿recuerdan el impacto de la primera entrega de Matrix y cómo luego, por alargarlo en las secuelas, acababa ahogando al público visualmente hablando? El bueno de Steven sabe cuando parar, cuando darnos lo que queremos – ya sea humor, drama íntimo o cercano, acción o fantasía – y cuando mantenernos en vilo (su especialidad). Somos marionetas en su teatrillo particular. Y nos encanta……..

¿El resto de pruebas? Solo les diré que pocas veces me lo ha pasado TAN  BIEN cómo con la segunda prueba (¡¡¡cómo se sacaron eso de la manga!!!) y que la última cumple todas las espectativas de una cinta de estas características: el habitual en los Magos ‘no se vayan todavía, que aún hay más….’.

Los entreactos entre las pruebas son el momento en el que nos acercamos al resto de personajes. Desde la pandilla muy Goonie de Watts – ese Club de los 5 particular – con una deliciosa y encantadora Olivia Cooke (Art3mis es valiente, atrevida y capaz de todo por el bien del equipo), el dúo nipón Sho y Daito (que buenos recuerdos de tantas aventuras con niños a los mandos) y el divertido Aech (del que mejor no digo nada, ya que si está leyendo esto querido lector sin haber visto la cinta no quiero fastidiar lo más mínimo). Por supuesto tiene que haber malos, y la incorporación IOI tiene a su mando al todoterreno Sorrento (Ben Mendelshon pasándoselo pipa), con su particular sicario en el mundo virtual I-Rok, dispuestos a CUALQUIER cosa por adueñarse del nombrado Huevo. Spielberg nos brinda entonces secuencias reales – y digo reales, porque la cinta logra un equilibrio ideal entre el mundo virtual y el real – tan cercanas cómo el primer encuentro Wade/Art3mis, todos los recuerdos de Halliday y sus diferencias/semejanzas con su amigo íntimo Odgen Morrow (un no menos adorable Simon Pegg) y en particular el epilogo, cuando toda la aventura descansa y somos testigos de uno de esos momentos made in Spielberg que tocan la fibra, y que demuestran que nuestro niño interior sigue ahí esperando que alguien cómo él nos lo saque para que brille en sus ojos lo que tanto pasó cuando veíamos por primera vez a unos tal Gremlins, Luke Skywalker Marty McFly……

Viviendo la realidad. Es ese equilibrio lo que hace que no nos sintamos apabullados en ningún momento (recuerdo que con Avatar había momentos en que agradecía ver a personas de carne y hueso). Y a ello ayudan los amigos de Steven en este truco de dos horas y veinte – que ni te enteras que han pasado – habituales en su filmografía como el montaje siempre soberbio de Michael Kahn (que se le ignorase para los Oscars por el de la anterior cinta de Spielberg, esa obra maestra de andar por casa llamada Los archivos del Pentágono, es insultante a pesar de que luego tenía dos grandes rivales), la fotografía de Janusz Kaminski – el mejor en su gremio junto a Emmanuele Lubezki – o un diseño de producción (mundo real, por supuesto) impecable. Y aunque tenemos un extraño infiltrado llamado Alan Silvestri a los mandos de la banda sonora – John Williams ya tiene una edad para empatar proyectos de manera muy seguida – no encuentro nadie más idóneo para dar alas a esta aventura musicalmente hablando que Silvestri: desde el emocionante y cercano tema principal, pasando por todas las secuencias vertiginosas de acción/suspense hasta ciertos acordes que a más de uno le sonaran muy familiares (salvo que seas un ‘gallina’ ejem ejem).

Ready Player One es Spielberg. Es el cine que marcó una época y puede marcar otra. Los halagos para este artesano de lo increíble no van a ser suficientes, y todo lo que pueda escribir sobre él no llegará ni a una milésima parte de lo que supone para un cinéfilo VIVIR una experiencia como la que me ha provocado esta aventura, una de las sensaciones mas divertidas que he tenido en una sala de cine. Jamás. Y si ha leído hasta aquí, estimado lector, lamento la extensión de esta humilde crítica, ya que llevaba mucho tiempo sin publicar una (me pueden ver ‘criticar’ más en nuestra cuenta de Twitter), pero no podía dejar escapar esta ocasión.

Y es que Steven – repito, 71 años Señoras y Señores, 71 AÑAZOS – es el responsable de que aquel niño de 12 años volviera a emocionarse, reír, vibrar y sentir en un cine (entiendo su “rechazo” a plataformas tipo Netflix ya que pierden la esencia de vivir algo así en una GRAN pantalla, rodeado de desconocidos que sienten lo mismo que tú…….hasta el punto de que no recuerdo la última vez que ADULTOS aplaudieron al final de una cinta). Pero bueno, su logro tiene una sencilla explicación: detrás de ese brillo de ojos de alguien con 5 décadas a sus espaldas se esconde otro niño que soñó con plasmar cualquier sueño en una sala de cine, con convertir lo increíble en creíble, en lograr que nuestros mayores sueños no tengan techo.

Steven Spielberg es un niño. Es EL niño del cine. No hace películas: hace experiencias. Hace MAGIA. Ready Player One no se ve, se vive. Y es ya, sin duda alguna que valga, un CLÁSICO INSTANTÁNEO.

 

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