Que mejor que empezar esta nueva sección con una escena del maestro Quentin Tarantino. Y miren que en su dilatada filmografía tener que quedarse con una sola escena es una tarea ardua complicada. Hablamos del autor de ‘Pulp Fiction, ‘Kill Bill’, ‘Malditos Bastardos’ o el guionista de ‘Abierto hasta el Amanecer’. Pues un servidor no ha tenido dudas en quedarse con uno de los geniales momentos que nos ha brindado el realizador: la tortura que lleva a cabo un magistral Michael Madsen, alias Señor Rubio, en la ópera prima de Tarantino: ‘Reservoir Dogs’ de 1992.

¿Una película sobre un atraco a un banco en la que nunca se ve tal atraco? Imagínense la cara de los productores cuando el peculiar director intentó vender su guion original a principios de los años noventa. Fue su amistad con el actor Harvey Keitel (Señor Blanco en la cinta) la que le sirvió para conseguir el ajustado presupuesto de la película y poder llevarla adelante. Junto a Madsen y Keitel – que repetirían con Tarantino en otras cintas son su particular sello – encontramos a Tim Roth (Señor Naranja), el malogrado Chris Penn (Eddie Cabot), el veterano Lawrence Tierney (Joe Cabot, padre de Eddie y organizador del atraco), el propio Tarantino en su primer papel (Señor Marrón), Edward Bunker (Señor Azul) y un contenido Steve Buscemi (Señor Rosa).

La película es un prodigio de realización en la que el novato Tarantino logra plasmar la tensión, desconfianza y pormenores de una serie de situaciones llevadas al límite entre unos personajes muy dispares y con sus propios intereses. El título de la cinta nos lo deja ya bien claro: una jauría de perros que no tendrán reparo alguno en morderse unos a otros si algo les huele mal/sospechoso, como le deja muy claro el Señor Rubio al Señor Naranja en un álgido momento de la cinta con una frase para el recuerdo: «¿Vas a ladrar todo el día perrito, o vas a morder?».

Para aquellos que no han tenido ocasión de ver al «primer Tarantino» les hago 2 recomendaciones: la primera que no vean tal momentazo que os dejo adjunto – la cual parece que Tarantino la usó como excusa para que sonase esa maravilla titulada «Stuck in the middle with you» de Stealers Wheel, en lo que sería un presagio del buen gusto musical del realizador – y la segunda que la alquilen/bajen/compren/pidan prestada y se preparen para degustar un primer plato, que bien podría ser el aperitivo del extenso menú que nos lleva sirviendo el director desde hace casi 20 años.

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