No soy muy fan de los musicales. Mis excepciones en tal género lo son por causas adyacentes en las cintas, como la genial puesta en escena y la realización por parte de Baz Luhrmann en ‘Moulin Rouge’ y la historia de amor familiar en plena Segunda Guerra Mundial en ‘Sonrisas y Lágrimas’. De resto, ni fu ni fa. De hecho, puse  el grito en el cielo cuando se le dieron tantos premios a esa memez sobrevalorada de ‘Chicago’ en 2002, simplemente para compensar lo ignorada que quedó el musical parisino ya comentado de Luhrmann el año anterior.

Tras esa fiebre momentánea que sufrió Hollywood con el género cantado y bailado, nos llegó ‘Hairspray’ en 2007 dirigida por Adam Shankman, y la indiferencia dejo más frío a todo su plantel que el trasero de un pingüino. Pero Shankman no se rinde fácilmente, y el verano que viene nos hará recordar el rock ochentero – así como su horripilante estética – con ‘Rock of Ages’. La historia, basada en un famoso musical de Broadway, se centra en los jóvenes Drew (Diego Boneta) y Sherry (Julianne Hough) que llegan a Los Angeles de 1987 persiguiéndo su gran sueño de convertirse en estrellas, viviendo un intenso romance rodeados de todo tipo de cambios y de la música que más abundaba en la época. Al igual que en ‘Hairspray’ la cinta cuenta con un lujoso plantel de actores en los que encontramos a Alec Baldwin, Catherine Zeta-Jones (a ver si le dan otro Oscar por cantar), Russell Brand, Paul Giamatti, Malin Akerman y sobre todo Tom Cruise, en lo que es su primer musical a los casi 50 años.

Aunque puede que la cinta no sea de las más taquilleras del año (en Verano tendremos vengadores, batallas robóticas acuáticas, más hombres de negro o mercenarios despiadados) un servidor agradecerá ver a Cruise en la piel de una estrella del rock al más puro estilo ‘Europe’, con ese desdén por todo lo que hace y unos aires de superioridad que tan bien supo demostrar en la comedia ‘Tropic Thunder’.

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