Tim Burton tiene una cosa buena y otra mala. Empecemos por la noticia buena: su cine no lleva a engaños. Si no sabes lo que te puedes encontrar cuando plantas tu mirada atenta a alguna de sus peculiares películas, probablemente no hayas visto ninguna con anterioridad. Tiene a sus defensores – más bien seguidores fieles – y a sus detractores, como en todo. Ahora lo malo: lleva más de 25 años haciendo «lo mismo». No hay hueco para la sorpresa en cuánto a variar en su (original/repetitivo escojan el que más les guste) estilo, y cuándo ha probado fortuna intentando desmarcarse un poco más de ese cine tan suyo – léase El Planeta de los Simios y ahora vomite – la jugada le ha salida muy cara. Hay algo que queda muy, pero que muy claro tras ver su última obra: a Burton le gusta rodearse de amigos para hacer algo que, queda patente, se lo pasan pipa en tal proceso. Es un cine que les gusta a ellos antes que a nadie. A Burton le gusta Burton.

El cine hecho desfase, locura, un destripamiento de ideas absurdas e irrisorias que el realizador nos propone como resultado a su diversión particular, de la cual son partícipes la familia de la que se rodea en cada producción. Familia, esa es la palabra. Porque estas Sombras hablan sobre los secretos, traiciones, desavenencias y todo tipo de índoles que puedan tener lugar en el seno de cualquier familia (subrayen el cualquier). Quiten los elementos sobrenaturales, todas las criaturas que pueblan la película – empezado por el simpático y despistado vampiro que interpreta Depp – y lo que tenemos es algo que hasta, posiblemente, más de uno haya vivido en su propia casa (traumas incluidos). De ahí que a Burton le gusta codearse con personas a las que considera ya de su familia – bueno, Helena Bonham Carter es su acoplada esposa – para que el rodaje transcurra de la mejor manera posible, y cada uno sepa su función de manera mecánica sin necesidad de muchas consultas.

Depp es la estrella de la función, quedando claro en cada plano. Son más las ganas del actor de auto-agradarse que de hacerlo a la platea, de ahí que este vampiro a veces parezca desaprovechado y sirva de pretexto para que el actor lo sume a su galería de personajes extravagantes (piratas, chocolateros, escritores, directores, un próximo Indio nativo). A su lado una agradecidamente recuperada Michelle Pfeiffer – cuya belleza y presencia son absolutas – y sobre todo una peligrosamente malvada y sexy Eva Grenn. Ellos son los pilares alrededor de los cuales deambulan una Bonham Carter más breve de lo habitual, un «colocado» Jackie Earle Haley y una setentera Chloë Grace Moretz (mención aparte el cameo de uno de los actores más Burtonianos). Todo ello aderezado en el mismo marco en el que acontecía la serie original en pleno años 70 (todo un acierto) con un delicado y preciso diseño de producción – que bien luce el pueblo, la mansión, el empleo de colores y tonos más oscuros en función de las localizaciones y personajes – una banda sonora de un tétrico Elfman y canciones de la época con Barry White o Alice Cooper y un vestuario y maquillaje dignos de premiar (y que serán ignorados al igual que ocurrió con las entregas de Harry Potter).

Burton ha cuidado tanto la envoltura, que sin embargo ha descuidado el interior: el guion. Hay una idea, más que una historia. Tenemos una sucesión de sketchs con grandes dosis de humor (negro), y secuencias de puro vacío argumental y relleno. Parece un ‘corta y pega cinematográfico’. Y me da rabia, porque la serie de Sombras Tenebrosas daba para más, con la gama de personajes que circulan en ella, lo variopinto de sus góticas historias quedando todo en segundo plano en fervor de un lucimiento de Depp, en ocasiones logrado y en otras innecesario. Hay momentos que «sorprenden»  – los cuales no desvelaré y que recomiendo no se lleve a niños a verla por dar pistas – como su narrativo (aunque plano) prólogo, todas las reuniones Bonham Carter – Depp o la visita de este a un grupo de hippies, así como su acelerado y visual clímax que recuerda demasiado a La Muerte os sienta tan bien, con mucho efecto y disparate humorístico de por medio. Es un aperitivo de muy buen ver, pero cuyo saber deja que desear.

Fans de Burton tenéis otro deleite personal más. No es su mejor obra (queda MUY lejos de Big Fish o Ed Wood) ni tampoco la peor. Es, sencillamente, una que define su filmografía. Estilo Burton, su cine, su sello, su impronta. No lleva a engaños. Lo cual puedo agradecer si me gustan sus películas, pero también criticar por su falta de pretensiones a la hora de innovar o de sorprender (ese Burton visceral y sin prejuicios)  y lo que queda es el políticamente incorrecto y bromista. Dudo que decida cambiar, pero por si se lo piensa, que revise a directores como Spielberg (que lleva casi 5 décadas estrenando cintas de lo más diversas unas con otras, como Tiburón, En busca del arca perdida o Munich, que díganme ustedes en qué se parecen).

Sombras intermitentes. Obscenas. Disparatadas. Otro día normal en una barbacoa Burton – Depp.

Puntuación: 6,6/10