Hay películas que necesitan de enormes campañas de publicidad, marketing hasta en el desayuno y de unos posters y carteles anunciadores que han de ocupar la mitad de zonas tan concurridas como la Gran Vía madrileña o Times Square en Nueva York. Y las hay las que ponen el título, el/los actor/es, y su fotografía en las mismas para que simplemente podamos ver quien la protagoniza, y cómo se llama la cinta. Si el actor tiene el suficiente tirón pues mejor aún. Ejemplo: Johnny Depp. Lo mismo sale su cara en las cintas que primero he nombrado con grandes reclamos publicitarios, como se une a proyectos más sencillos (¿independientes quizás?) por una razón concreta: amor a su profesión. Ya están lo bastante forrados, y quizás quieren demostrar que sirven para algo más que para llenar cines. Por eso no es nada extraño encontrarnos al nombrado Depp en un proyecto tan singular como «The Rum Diary» del cual ya me he hecho eco en un post previo, con su simpático trailer. Así que como a Johnny le gusta mucho la bebida alcohólica del título, decide meterse en la piel de un periodista que en pleno años 50 emigra a Cuba para trabajar en un periódico local, con los problemas que pueda ocasionar tanto sus publicaciones, su afición al Ron, y sus líos amorosos con una mujer ligada sentimentalmente a un hombre con cierto poder político en la zona.

Os dejo su sencillo póster. Sale Depp con cara de circunstancia, hay palmeras de fondo para que nos hagamos una idea de donde se pueda encontrar y está claro que no va a tomarse la bebida con moderación. ¿Para qué necesitamos más?