Antes que nada, el que aquí escribe es un ferviente admirador de su director, Michael Bay. Con una filmografía con títulos tales como la trilogía de «Transformers», las dos entregas de «Dos policías rebeldes», «Armageddon» o «La Roca», uno no puede ir al cine en periodo veraniego esperando encontrarse un drama con actores en sumo estado de gracia, o un film de estos independientes que tanto gustan a determinados sectores de la crítica sensacionalista. Es lo que se llama cine de palomitas. Hecho para disfrutar en lo que dura tal película, con el mero fin de entretener. Punto. El que ante tal cine o comentarios esté clamando al cielo que pasé pagina. Para los demás, nos ha llegado el ¿capítulo final? de la trilogía de robots alienígenas.

Más de lo mismo podría definirse esta última entrega. Chico protagonista sin aires de héroe pero que está metido en el ojo del huracán, novia muy atractiva que se pasea por la pantalla como en un pase de modelos pero evitando disparos (da lo mismo que hayan suprimido a Megan Fox por esta modelo de lencería inglesa llamada Rosie Huntington- Whiteley: el resultado es el mismo), militares que luchan por su país con la excusa de salvar el mundo (porque todo el mundo sabe que siempre nos salvan los mismos) y actores más secundarios,y los más famosos, que saben en que tipo de supreproducción se encuentran y se lo pasan pipa durante la misma: John Malkovich, Patrick Dempsey o John Turturro son impagables.

De resto, abróchense los cinturones que viene curvas, digo peleas. Porque eso es lo que ofrece éste lado oscuro de la luna. Con un prólogo algo extenso pero muy logrado sobre la llegada del hombre a la luna y el posible motivo del abandondo de la carrera espacial, la película se mete de lleno en un guión más simple que la compleja e infantil segunda entrega, pero no por ello más original. Es la última batalla en la Tierra entre Autobots (los buenos) y los Decepticons (malos muy malos), y el centro de tal batalla tendrá lugar en la ciudad de Chicago durante la última hora de película. Hasta entonces nos encontramos con un metraje excesivo y con secuencias más que suprimibles en la sala de montaje. Y es que Señor Bay, usted no sabe realizar un film que dure menos de las 2 horas más que adecuadas para una superproducción veraniega. Y ahí encontramos su gran talón de aquiles. Aunque ya no mueve tanto la cámara como en sus primeras obras, donde se notaba sus orígenes como director de videos musicales, hay determinadas escenas que solo sirven de colchón para lo que todo el mundo va a ver esta clase de cine: efectos especiales (brillantes hasta la médula), grandes escenas de acción (enormes en esta entrega) y lo más fundamental: pasar un más que entretenido rato con aire acondicionado alejado un poco de elevadas temperaturas y playas o piscinas repletas.

Superior a la segunda pero inferior a la primera, es un gran colofón a esta enorme fiesta interplanetaria que nos ha devuelto a la infancia a más de uno que, como yo, se crió con estos personajes que se convertían en todo tipo de vehículos. Mi estimado Michael Bay lo ha vuelto a lograr. Pero estaría bien que volviera a otras historias de acción ya no tan repetitivas. Lo dice uno que considera a «La Roca» una de las mejores muestras de cine de acción de los 90, y un ejemplo de grandes actores entre explosiones en una carcel abandonada de una isla. Transformers 3 es ruidosa. Es caótica en algunos casos. Larga. Muy larga. Pero entretiene, y al cine de verano no le pido más. Aunque siempre hay alguna tormenta veraniega que soprende. Veremos si dicha tormenta de originalidad y fantasía puede ser «Super 8» o los «Cowboys contra Alienígenas» de Harrison Ford. Lástima que este año no tegamos a Nolan con un «Origen» o una nueva entrega del mejor Batman.

Puntuación: 6.5/10