Una fábula sincera. Una historia profunda. Una sonrisa al corazón. Y como estos son muchos los posibles adjetivos ó títulos variados que podría tener la última película protagonizada por el siempre grandioso Ricardo Darín. El cine argentino ha encontrado en Darín a su Paul Newman particular, esa clase de actores que con su mera presencia en pantalla ya son capaces de meternos de llena en la vivencia que nos quiera contar. Es gracias a él, que dichas películas realizadas en el país Sudamericano están logrando llegar más allá de sus fronteras, e incluso alzarse con (merecidísimos) galardones como el caso del Oscar a la mejor película extranjera con «El secreto de sus ojos», también protagonizada por su áctor fetiche.

Un cuento chino es lo que el propio título indica. Una pequeña historia basada en ¿hechos reales? en la que Darín encarna a Roberto, propietario de una modesta ferretería en Buenos Aires y que un día, por una casualidad, ve como un extranjero chino llamado Jun entra en su vida sin no muchas intenciones de salir de la misma sin montar algo de revuelo. Ninguno habla el idioma del otro, y aunque la convivencia altera los monótonos planes en la vida de Roberto, este no cesará en su empeño para que el joven imigrante salga de su casa/ferretería lo más pronto posible.

Son pocas o muy escasas las ocasiones en las que podemos ver en un cine comedia y emotividad servidas en el mismo plato. Muchas veces se nos han brindado comedias basadas en el chiste/humor fácil, en bromas escatológicas, o en humor «bruto» basado en las desgracias de los personajes protagonistas. El caso de las películas emotivas (ojo, no dramáticas) y/o bonitas también se basa en el mismo ejemplo: no hay que recurrir a la lágrima fácil, a la desgracia mas profunda o al amor imposible para que nos tenga que llegar al alma. A veces lo simple es el camino más directo. La frase más espotánea puede arrancarnos una sonrisa o carcajada mejor y mayor que una broma basada en unos jóvenes haciendo lo impensable por perder la virginidad. Y es que eso sólo lo logra el cine más modesto, el más pequeño, y posiblemente el que viene fuera de los Estados Unidos (el cual nos trae muchas y grandes maravillas al año,pero por cada una hay unas 10 que no lo son….o más). Lo triste es que no son muchas estas oportunidades en las que podemos disfrutar de una película así.

Y todo esto es posible por la presencia camaleónica de Ricardo Darín. Que un personaje como el de Roberto, sencillo, gruñón, metódico hasta la médula, algo ermitaño, pero extremadamente bondadoso sea creible es gracias a la presencia del genial actor argentino. Así podemos explicar que en los últimos años nos tenga acostumbrados a una intrepretación anual en la que es capaz de abordar toda clase de personas (y personajes) de lo más dispares entre ellos: desde un timador de poca monta, pasando por un funcionario de los juzgados con un pasado anclado a su vida, hasta este ferretero asustado por dejar entrar en su vida a alguien más que a sí mismo. Y es que «Un cuento chino» es una comedia. Pero también es humana. Y eso, al fin y al cabo, es de lo que están hechos los cuentos.

Puntuación: 8,5/10

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