Érase una vez…..un hombre que decidió dejar atrás su pasado para embarcarse en la aventura de su vida, con el riesgo de perderlo todo, incluso a su familia. Así podría empezar esta cinta del musical Cameron Crowe. He intentado darle un toque trágico, ya que en la película de Crowe no lo encontraremos. No lo digo como defecto, sino como ausencia. Hay 2 maneras de tratar una historia dramática: centrarse en lo que la ha vuelto oscura, o buscar los atisbos de luz que pueda tener (un toque Disney/familiar por llamarlo de algún modo). Y en ‘Un lugar para soñar’ tenemos la última.

Por eso la vuelta de Crowe a los ruedos tras el fracaso estrepitoso de su personal ‘Elizabethtown’ (la cual un servidor adora en muchos aspectos, ya que nos saca una sonrisa ante momentos dramáticos y con unos últimos 15 minutos maravillosos) es menos Crowe que de costumbre, con pocos momentos suyos, ya que nos cuenta la historia real de Benjamin Mee (genial Matt Damon) y su arriesgada odisea de dejar su empleo y su vida de ciudad para trasladarse a un viejo Zoo con el objetivo de reconstruirlo. No es la reconstrucción del Zoo lo que estamos viendo, sino la del propio personaje, como aprende a pasar página y comenzar un nuevo capítulo de su vida tras su reciente viudez (la cual en la realidad tuvo lugar recién comprado el Zoo, y no antes como nos cuenta la cinta).

Es por eso que en lugar de mostrarnos el drama, somos partícipes de que con la ayuda de gente a nuestra alrededor somos capaces de salir de cualquier pozo. Pero que el último empujón depende exclusivamente de nosotros. Bueno, la cinta es demasiado optimista en muchas ocasiones, e incluso a veces roza la «perfección», lo que nos acerca más a un cuento de hadas que a algo que realmente pasó. Pero los cuentos de hadas pueden ser reales, incluso con sus pegas. Y esta las tiene: un metraje algo extenso – 20 minutitos de menos habría sido lo ideal – personajes que no trasmiten mucho o nada (Scarlett Johansson, parece que le voy a coger manía), y una sensación de ‘esto ya lo había visto’ que impregna todo el metraje. No hay nada nuevo bajo el sol de este zoológico.

Pero es que aunque sepamos como empieza y acaba este pequeño cuento urbano/animal, es la manera en la que su narrador nos lo transmite lo que lo hace especial. Crowe lo baña todo con una banda sonora maravillosa (realizada por Jónsi, y que está entre lo mejor del año, demostrando aún el buen oído del director), nos da momentos únicos (Damon haciendo frente a su pasado delante de un ordenador, su hijo Colin Ford en sus 20 segundos de riesgo y cualquier aparición de la precoz Maggie Elizabeth Jones por citar algunos) y evoca una sonrisa sincera y profunda en nuestros corazones, de la cual no nos damos cuenta hasta un rato después de abandonar la sala.

La pequeña fábula es sincera, muestra sus cartas en todo momento y no se avergüenza de lo que nos cuenta (hablamos de una cinta con animales y personas, tan simple como eso). Y mientras escribo esto precisamente escucho la ya nombrada banda sonora de Jónsi para la cinta, y solo me vienen imágenes de ese recóndito lugar donde, precisamente, soñar es su principal premisa.

Para cuando la cinta esté calando hondo, nos llevaremos la mejor sorpresa: unos últimos 5 minutos que puedo definir como emotivos. Espléndidos. Naturales. Repletos de corazón y valor.

Y colorín, colorado…………Crowe y Damon me han convencido.

Puntuación: 7/10