Realizar una crítica de la última cinta de Steven Spielberg tras la ceremonia de los Oscars dónde, con 6 candidaturas, se fue de vacío – algo tan previsible como los últimos partidos del F.C. Barcelona – sería fácil si hiciera leña del árbol caído. Lo curioso es, que los premios no dictan la calidad de una película, la tarea del reparto, o el manejo de la cámara de su realizador. Ni es tan mala como muchos medios dijeron en su estreno norteamericano a finales de Diciembre – el famoso director tiene obras muy inferiores como Amistad – ni por supuesto es una de sus mejores obras (Salvar al Soldado Ryan sigue siendo, y lo será, un clásico y la mejor película de guerra de la historia). Es el Spielberg más emotivo, clasicista, y repleto de espectáculo que tanto gustó en los 80, y que tan duro (e injustamente) fue criticado. Lo dije con las otras 2 películas que llevan su sello del 2011, Super 8 y Las Aventuras de Tintín: es una vuelta a sus orígenes.

Que nadie se lleve a engaño: War Horse no es una cinta de guerra. El director en su primera incursión en la Primer Guerra Mundial usa esta como telón de fondo para narrarnos una profunda historia de amistad, sacrificio, superación y amor (no el que ustedes piensan ojo). Y desde el primer fotograma queda bien claro quién es el protagonista de la historia: el caballo bautizado como Joey. Todas las personas que pasan por su vida y peripecias ayudan a narrar uno de los periodos más trágicos del Siglo XX, lo cual es plasmado con una eficacia y detallismo extremo por Speilberg. La belleza de cada plano, ya sean los de la guerra más cruda así como los más humanos, es innegable. El director se aprovecha de un correcto reparto inglés, con rostros poco conocidos o desconocidos (su protagonista Jeremy Irvine) ya que no quiere que nadie ensombrezca al equino principal. Ese es uno de los grandes aciertos de la película, junto al grupo de trabajo con el que siempre se rodea y trabaja codo a codo el realizador: ejemplar montaje (Michael Kahn), magistral fotografía (Janisz Kaminski), espléndido montaje (Rick Carter) y maravillosa banda sonora (John Williams, otra proeza de un genio). Son ya como una gran familia que se reúne a almorzar cada domingo, y su labor está ya tan coordinada que el resultado final suele ser intachable.

Tales críticas recibidas no son más que parte de un celoso sector que parece no aprobar el estilo de un realizador que lleva 5 décadas (como leen) asombrado al mundo con películas llenas de momentos para el recuerdo. Esos que vapulearon a ET en favor de la olvidada Ghandi, El Color Púrpura, e incluso la trilogía original de Indiana Jones – antes de que George Lucas se cargara la cuarta – son los mismos señores que alabaron en los 90 al mismo director de esas cintas. Y ahora vuelven a las andadas. Meses antes de su estreno, en sus primeros promocionales, parecía que este War Horse no tendría competidor. Pues al igual que en el 2005 con la infravalorada Munich (vuelvan a verla para tomar una buena lección de cine en mayúsculas), Spielberg ha sido discriminado en favor de cintas o realizadores que, al menos en el trabajo detrás de las cámaras, están a años luz del realizador de Tiburón.

No es oro todo lo que reluce en esta producción, y se le puede tachar a Spielberg de un exceso en determinados momentos de americanismo en una cinta claramente con tintes Europeos, un metraje algo largo pero no aburrido – algo habitual en la filmografía del realizador que su films sobrepasen los 120 minutos – y un empleo de la cámara panorámica en ocasiones innecesario. Digno de admirar es que la película esté realizada con el claro objetivo de llegar a todos los públicos – es familiar por los cuatro costados – y que para ello, el director evita mostrar la guerra más visceral, pero no por ello ausente de dramatismo y tragedia (el desenlace del episodio de los hermanos germanos, la granja francesa). Hay imágenes que quedan grabadas en nuestra retina incluso una vez abandonada la sala – Joey cabalgando por las trincheras, una de las mejores escenas jamás filmadas por Spielberg – y son esas set pieces las que completan una cinta arriesgada en donde la amistad cruza fronteras a través de una de las etapas más tristes de la historia.

Es Hollywood 100%. Ese que tanto se adoraba antes con películas como Lo que el viento se llevó y Lawrence de Arabia. No se convertirá en un clásico, ni tampoco será recordada como otras cintas del mismo realizador. Pero para aquellos que tengan la oportunidad de disfrutarla, entenderán como un servidor, la sensación de unos lacrimógenos y últimos 5 minutos en las que sin la necesidad de diálogo, Spielberg es capaz de llegar a lo más profundo de nuestros corazones. Que no es poco, para alguien que lleva brindándonos cine desde 1975. Ahí queda dicho.

Puntuación: 8,3 /10